Alan Turing: padre de la inteligencia artificial y condenado por homosexual

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Photo credit: Wikemedia Commons
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A los grandes científicos de la historia se les reconoce por sus evidentes aportaciones a la humanidad. Como tales, después de muertos se suelen nombrar en su honor desde edificios de congresos hasta calles, hospitales e incluso becas doctorales en centros de investigación (Severo Ochoa, Marie Curie, Albert Einstein…).

Pero hay un nombre al que no supimos honrar como se debía. A Alan Turing el perdón le llegó demasiado tarde. En 1952, mientras estaba inmerso en revolucionarias y pioneras investigaciones sobre la primera inteligencia artificial de nuestro mundo, fue condenado por la justicia británica por ‘prácticas homosexuales’.

Antes de ser encarcelado, eligió ser sometido a la castración química. Pero dos años después, el 7 de junio de 1954, apareció muerto en su cama. La causa: un probable suicidio por envenenamiento. En 2013, de manera simbólica, la corona británica decidió concederle el ‘perdón real’.

Hoy, 68 años después de su fallecimiento, recordamos a uno de los científicos más importantes del siglo XX a través de cinco hechos fascinantes sobre su vida.

Fue pionero en relacionar computación y biología

Turing fue un estudiante brillante de Matemáticas en la Universidad de Cambridge al que le fue otorgada una beca por la prestigiosa universidad King's College de Londres en reconocimiento a su investigación en la teoría de la probabilidad. Cuando Turing era un estudiante, la computación era una ciencia emergente. A finales de los años 30, al otro lado del Atlántico, un matemático estadounidense –Alonzo Church– llegaba en un artículo científico a la misma conclusión que Turing acerca de un complejo problema de lógica matemática. A partir de entonces, se mudó a Princeton para estudiar un doctorado bajo la dirección de Church.

El problema matemático en cuestión se conoce con el fantástico nombre de Entscheidungsproblem. En castellano, se traduciría a algo así como ‘el problema de decisión’. Turing buscaba resolver si se puede determinar exactamente qué enunciados matemáticos son demostrables dentro de un sistema matemático formal dado y cuáles no. Tanto Turing como Church determinaron, de maneras independientes, que esto no era posible. Y aunque no nos lo parezca, la resolución de este problema fue clave en el avance de la computación.

Aunque otros ya habían hecho avances es cómo una máquina podría realizar cálculos complejos (la primera fue Ada Lovelace) Turing combinó matemáticas y biología al pensar que la mente humana es en gran parte una máquina de computación digital.

Se le considera un héroe de guerra

Una de las facetas más destacables de Alan Turing es que colaboró activamente con el bando Aliado durante la Segunda Guerra Mundial. En 1939, tras la invasión de Polonia por parte de Hitler, toda Europa entraba en guerra.

Photo credit: Spencer Platt - Getty Images
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El gobierno polaco había proporcionado a Gran Bretaña y Francia detalles de los éxitos polacos contra Enigma, la principal máquina utilizada por el ejército alemán para cifrar las comunicaciones por radio. Turing colaboró activamente para descifrar estos códigos de guerra y así debilitar al ejército nazi. En 1942, Turing también ideó el primer método sistemático para descifrar mensajes cifrados gracias a una sofisticada máquina. Al final de la guerra, Turing fue nombrado Oficial de la Excelentísima Orden del Imperio Británico (OBE) por su trabajo de descifrado de códigos.

Acuñó el ‘Test de Turing’

Ya en 1950, Turing acuñó el famoso test que lleva su nombre. Consiste en una serie de pruebas para determinar si una computadora puede ‘pensar’ o no: el Test de Turing consiste en un humano que debe realizar una serie de preguntas a dos ‘sujetos’. Uno de ellos es una máquina. Pues bien, el humano que hace las preguntas debe adivinar en qué ocasiones responde la máquina y en cuáles no. Cuantas más veces confunda a la máquina con el humano real, más probabilidades hay de que el ordenador en cuestión se le considere como potencialmente ‘pensante’.

En el mismo año, publicó en la revista Mind su artículo pionero ‘Computing machinery and intelligence’, completamente enfocado en cómo los algoritmos pueden mostrar inteligencia similar a la humana. Hacia el final de sus días, Turing había sentado importantes bases en la construcción de las máquinas ‘pensantes’ digitales y había reflexionado sobre las consideraciones éticas que esto presenta –algo sobre lo que luego el escritor Isaac Asimov haría grandes aportaciones–.

Una fatídica condena seguida de su misterioso fallecimiento

Por muy increíble que nos parezca hoy, hace solo setenta años era un delito ser homosexual en un país como Inglaterra. En 1952, Alan Turing vio interrumpida su meteórica trayectoria por una condena por ‘comportamiento indecente’, asociada simplemente a su orientación sexual.

En aquella época, este tipo de ‘delitos’ conllevaban penas de prisión o bien el sometimiento a un proceso hormonal con estrógenos (hormonas femeninas) para inhibir la sexualidad de los varones, lo que se conoce comúnmente como ‘castración química’. Turing eligió la segunda opción con tal de no ser privado de su libertad. Este horrible e injusto castigo marcó el fin de sus días.

El 7 de junio de 1954, en medio de una intensa carrera de investigación de inteligencia artificial, Turing apareció muerto en su cama. Había sido envenenado, de manera accidental o autoprovocada. Aunque la causa oficial de la muerte fue el suicidio, sus familiares y amigos sostienen que no fue así, dado que nunca existieron pruebas (escritos de ningún tipo o confesiones a sus seres queridos) sobre sus intenciones de quitarse la vida.

Cuando se le halló muerto, se establecieron dos hipótesis alternativas al suicidio, pero nunca pudieron ser probadas: la primera es que Turing falleció por accidente debido a la inhalación involuntaria de gases tóxicos provenientes de un experimento que se estaba realizando en un laboratorio cercano. La segunda, mucho más especulativa, tiene que ver con los servicios secretos británicos, que le habrían ‘quitado de en medio’ debido a sus conocimientos sobre el criptoanálisis (la capacidad para desentrañar códigos secretos en las comunicaciones).

37 000 firmas por un perdón póstumo

Photo credit: Pictures from History - Getty Images
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Por suerte, muchas personas, incluidos importantes miembros de la sociedad como el astrofísico y cosmólogo Stephen Hawking y el informático William Jones apoyaron un movimiento de reparación de la figura de Alan Turing.

En el año 2009 el por entonces primer ministro de Reino Unido Gordon Brown pidió perdón públicamente por la condena a Alan Turing décadas atrás. Cuatro años después, en 2013, la reina Isabel le concedía el ‘perdón real’.

La figura de una de las mentes más visionarias del siglo XX fue al fin limpiada. Pero quién sabe cuánto habría contribuido a la sociedad este matemático, fallecido con solo 41 años, de haber podido continuar con sus investigaciones.

Por ahora, otros matemáticos y físicos le han tomado el relevo. Hoy estamos cerca de obtener el primer ordenador cuántico del mundo (según se puede leer en esta entrevista a Ignacio Cirac en The Conversation España) y las inteligencias artificiales ya son capaces, no solo de recibir órdenes y resolver tareas, sino también de pintar cuadros, inventar chistes y componer sinfonías. Quién sabe qué nos depara en un mundo en el que la inteligencia artificial está cada vez más presente planteando retos tecnológicos y problemas éticos cada vez más profundos.

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