De los Goya a Netflix: 'Akelarre' es una joya que no va a gustar a todo el mundo

Valeria Martínez
·4 min de lectura

La inquisición, el fanatismo religioso y una oda al empoderamiento femenino se dan cita en Akelarre, la película española que aterriza en Netflix después de arrasar en los premios Goya con cinco cabezones en los apartados técnicos. Una apuesta tan original y audaz, como intensa y arrolladora, de esas que no dejan a nadie indiferente. Estamos ante ese tipo de película que exige la atención de un espectador comprometido, de lo contrario puede suceder lo mismo que pasó con El Hoyo, dividiendo al público entre aquellos que la aman o la odian.

Aunque espero que el público se decante por lo primero…

Akelarre (©davidherranz, cortesía de Avalon)
Akelarre (©davidherranz, cortesía de Avalon)

Akelarre nos transporta a un pueblo de pescadores del País Vasco en 1609, donde la Inquisición apresa a un grupo de mujeres jóvenes acusándolas de brujería. Las interrogan y torturan en busca de confesiones diabólicas, haciendo un retrato aterrador del miedo y la presión de aquella situación. Mientras vemos al juez inquisidor y su séquito cuestionando y manipulando los interrogatorios sin miramientos ni justicia alguna, la película nos adentra en el seno de la amistad de sus protagonistas, encerradas en una misma celda, sin tener noción alguna del motivo de su captura.

Sin embargo, al descubrir que las torturas no cesarán hasta que den al Inquisidor lo que está buscando, una de ellas termina confesando la mentira que alimenta el fervor religioso del juez en cuestión: rituales satánicos, cantos diabólicos y lujuria máxima. Una táctica que refleja la supervivencia femenina en un mundo de hombres, empoderando a las mujeres de la historia por encima de la masculinidad tóxica.

La cinta dirigida por el argentino Pablo Agüero (Eva no duerme) está inspirada en las anotaciones tomadas por Pierre de Lacre en su visita al País Vasco francés en 1609, un jurista inquisidor de la corte de Enrique IV que fue responsable de la represión, tortura y genocidio de cientos de personas. Además, fue autor de obras que condenaban costumbres de la comunidad vasca de la época como supersticiones, un detalle que la película hace referencia en varias ocasiones como reflejo de la política del miedo que infligía la Iglesia por entonces.

Akelarre brilla en cada apartado técnico -que explican sus cinco Goyas- con una música embriagadora, fotografía absorbente, rapidez visual con cuadros bellísimos y un reparto extraordinario de jóvenes actrices que consiguen embrujar con la unión y naturalidad que representan, y dos actores consagrados como Álex Brendemühl y Daniel Fanego representando el machismo de sus imponentes figuras. Pero es Amaia Aberasturi la que se roba todo el protagonismo.

Akelarre (©davidherranz, cortesía de Avalon)
Akelarre (©davidherranz, cortesía de Avalon)

Pero, como decía al principio, Akelarre es una película que puede dividir como lo hizo El hoyo. Ambas son producciones con un trasfondo social trascendental y no son meras películas de terror como pueden augurar sus tráileres promocionales. Si bien El Hoyo se convirtió en uno de los fenómenos de Netflix en 2020, no llegó a consagrase con dicho título sin provocar división de por medio. Recuerdo que la semana de su estreno las redes se dividieron de forma radical entre aquellos que la aplaudíamos, y los que proclamaban odiarla por no entenderla o por quedarse decepcionados con su final oscuro y ambiguo. 

Pues con Akelarre puede pasar lo mismo. Sin desvelar spoilers para que puedan disfrutarla también, puedo decirles que al igual que El hoyo puede despertar sensaciones similares entre aquellos que esperen una película de brujas, terror y ciencia ficción. O aquellos que también tengan problemas con la comprensión global de su idea o su desenlace. Por eso les decía al principio que Akelarre requiere de un espectador dispuesto a entregarse a la menos de hora y media que dura su propuesta, dejarse llevar por sus personajes, la magia de sus escenas y el trasfondo que representa. De lo contrario, de esperar una mera película de terror sobre brujería, se quedarán tremendamente decepcionados.

Porque Akelarre es mucho más que una historia de brujas e inquisición. Es una oda al empoderamiento femenino y la inteligencia de la mujer a la hora de sobrevivir en un mundo de hombres. Su protagonista no deja de ser una víctima del fervor político religioso de la era, pero sobre todo es una mujer que está siempre un paso por delante del juez y que utiliza todas sus armas para sobrevivir. De esta manera, la película sirve de análisis sobre la realidad social que vivió la mujer desde tiempos inmemorables, con el miedo al empoderamiento, a la diversión de la mujer en soledad, a la felicidad autoabastecida, a las diferencias religiosas pero la continua sexualización incluso en un contexto religioso/político como este.

Y es que Akelarre comienza como un diamante en bruto para terminar brillando como una verdadera joya cinematográfica. Pero, para ver su brillo, hay que dejarse embrujar por su propuesta. De lo contrario, el hechizo se quedará a medias.

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