Ahora hay una razón científica por la que nunca deberías volver con un tramposo

¿Le has pillado en una pequeña mentira y dice que no tiene importancia y que no quería hacerte daño? ¡Cuidado! Si lo ve normal, se ha acostumbrado a hacerlo, y la relación acabará en desastre

Con los mentirosos en serie, podría darse el caso de que inicialmente se sintieran mal por hacer trampas, pero al repetirlo una y otra vez se adaptan y ya no sienten culpa ninguna. (Foto: Getty)

Las ‘mentiras blancas’ que le cuentas a tu pareja o las que has descubierto que te han contado a ti pueden ser indicios de una personalidad tortuosa y una característica de las personas infieles.

Aunque a veces creamos que ocultar la verdad ayuda a mantener la paz y la tranquilidad, la confianza y la honestidad son la base de cualquier relación, y esas pequeñas mentiras insensibilizan nuestro cerebro ante emociones negativas, lo que puede alentarnos a seguir contando embustes más grandes en el futuro.

Cuanto más mentimos, menos culpables nos sentimos por hacerlo.(Foto: iStock)

Es decir que quien miente una vez lo hará más veces. Es lo que dice la sabiduría popular y así lo ha confirmado una nueva investigación, publicada en la revista ‘Archives of Sexual Behavior’, que observó el comportamiento de 484 personas que tenían pareja.

El informe afirma que cada vez que una persona miente, se sienten meno culpable por hacerlo ya que “el cerebro se adapta a la deshonestidad”, asegura Neil Garrett, coautor del estudio y psicólogo investigador del Princeton Neuroscience Institute. De modo que aunque existe un “factor poderoso que nos impide hacer trampa a nivel emocional”, al mentir este se debilita con el tiempo.

El estudio demuestra que pocas personas cometen un error una vez y nunca vuelven a repetirlo, la mayoría no puede evitar hacerlo una y otra vez. (Foto: Getty)

Todo se debe a la amígdala cerebral o cuerpo amigdalino, un conjunto de neuronas que procesan y almacenan las reacciones emocionales. Esta proporciona una respuesta negativa –vergüenza o remordimiento-, cuando el individuo miente. Sin embargo, “el proceso de adaptación a la deshonestidad reduce esta reacción, lo que nos permite engañar más”, añade en una entrevista para  Elite Daily.

 “Lo que nuestro estudio y otros sugieren es que existe un factor poderoso que nos impide ser infieles. Una ‘reacción emocional’ que nos hace sentirnos mal cuando engañamos a nuestra pareja, pero lo cierto es que el proceso de adaptación (o sea, repetirlo) reduce esta reacción, lo que significa que somos más propensos a repetir esta conducta”, aclara Garrett.

Es decir, que cada vez que somos deshonestos, esa respuesta se debilita. El experto subraya que las denominadas ‘mentiras blancas’ pueden convertirse en mentiras más significativas porque gradualmente aprendemos a lidiar mejor con ellas.

Y en el caso de la infidelidad, esa adaptación se lleva a cabo en un plazo de tiempo más corto de lo que pensamos. La primera vez que cometemos adulterio, nos sentimos mal por ello. Pero la siguiente vez nos sentimos menos mal y así sucesivamente, con el resultado de que podemos cometer adulterio en mayor medida.

Sin embargo, Garrett apunta otra posibilidad: tal vez los tramposos en serie nunca se sintieron mal por hacer trampa, por lo que no necesitaban adaptación, se sentían cómodos con el engaño desde el principio.

De cualquier manera, esta podría ser la manera científica de decirte que nunca más deberías volver a quedar con un tramposo. Si le cazaste una vez…