Aguas recicladas, aguas de mar y de lluvia: en búsqueda de alternativas contra la sequía

·7 min de lectura
© Jean-Christophe Verhaegen, AFP

Desde finales de julio, Francia se enfrenta a una sequía histórica que está provocando problemas de agua en gran parte del territorio. Teniendo en cuenta que la situación está destinada a repetirse a causa del cambio climático, los científicos buscan nuevos recursos y encuentran inspiración en pioneros extranjeros, especialmente en los países desérticos.

En un centenar de municipios franceses, las tuberías están vacías y el agua no corre al abrir los grifos. La sequía excepcional que atraviesa el país desde finales de julio, la más dura desde 1959, ha vaciado los ríos y las capas freáticas. Para hacerle frente, el Gobierno, las asociaciones y la población deben recurrir a fuertes restricciones, transporte de agua en camiones cisterna y distribución de botellas.

En paralelo, varias voces piden que se busquen nuevas formas de acceder al agua. Algunas de las técnicas sugeridas son reutilizar el agua usada, desalar el agua de mar o generalizar el uso de las aguas lluvia... Medidas que ya se han implementado en varios países pero que no prosperan en Francia, normalmente por culpa de reglamentos estrictos o de preocupaciones por el medio ambiente.

Reutilizar las aguas ya usadas

"Francia y la Unión Europea deben ponerse al día en su retraso por el reciclaje de las aguas usadas", afirma Julie Mendret, investigadora del Instituto de membranas de la Universidad de Montpellier. "Hoy en día, menos del 1% de las aguas tratadas en Francia se reutilizan. En Italia es el 8% y el 14% en España", detalla. "Estamos muy lejos de los niveles de varios países donde estos métodos son generalizados, como los países del Golfo, Kuwait y Qatar. En Israel, pioneros en la materia, llegan al 80%".

Normalmente, el agua que encontramos en nuestros grifos se extrae de las capas freáticas y luego se potabiliza en centrales especializadas. Una vez se consume, se trata en centrales de depuración antes de volver a verterse en el ciclo del agua. Si se reciclara, no volvería a verterse, sino que se volvería a introducir en las tuberías.

Concretamente, Francia recicla cada día 19.000 metros cúbicos de aguas usadas que permiten regar los campos y las pistas de golf. "Podríamos ampliar estos usos para limpiar las carreteras o irrigar los espacios verdes", recuerda Julie Mendret. "¿Y por qué no ir más lejos y volver a crear agua potable a partir de aguas recicladas?", dice.

En Vendée, el proyecto Jourdain experimentará en el futuro cercano esta solución. En vez de volver a tirarse al mar, una parte del agua que proviene de la estación de depuración de Sables-d'Olonne se recuperará y se tratará antes de volver a introducirse en los circuitos de agua potable. "Sería la primera vez que se hace en Europa, pero este método ya se usa en Singapur o en Namibia, por ejemplo", apunta la especialista.

Según Mendret, a Francia la frena "una normativa demasiado exigente" y muchas dificultades en hacer que los proyectos se acepten a nivel local. En marzo, el Gobierno amplió los usos permitidos para el agua reciclada, para recargar las capas freáticas o luchar contra los incendios. A nivel europeo, los países miembros pidieron el pasado 3 de agosto "pisar el acelerador".

"Sea como sea, no podremos reciclar toda el agua. Quizás es indispensable rechazar una parte para mantener los niveles de los cuerpos de agua y preservar la biodiversidad. No hace falta solucionar un problema creando otro", matiza la investigadora. "Pero es una opción muy interesante, especialmente para las zonas litorales donde las aguas usadas normalmente se vuelven a lanzar al agua. Es agua dulce perdida."

Popularizar el uso del agua de lluvia

Por su lado, Fabienne Trolard, directora de investigaciones en el Institutio Nacional de la Investigación para la Agricultura y el Medio Ambiente (Inrae, por sus siglas en francés), pide generalizar el uso del agua de lluvia, que no es potable, en las casas particulares. "En Francia, toda el agua que consumimos es potable. No tenemos la opción de usar agua de lluvia para regar las plantas", lamenta. "En Bélgica o en Alemania, los edificios funcionan desde hace tiempo con sistemas de doble circuito: el agua potable llega solo a los grifos para beber y para ducharse. El resto se alimenta con agua de lluvia, almacenada en depósitos individuales", explica.

Con este sistema, "podríamos incluso reutilizar estas "aguas grises" más de una vez. Algunos de nuestros vecinos las reciclan tres o cuatro veces. En Israel, cinco o seis."

Desalar el agua de mar

En Haute-Corse y en Bretaña, en los pequeños municipios de Rogliano y de l'Île de Groix, los alcaldes han querido experimentar otra solución ante la sequía: desalar el agua de mar.

Igual que el reciclaje de aguas usadas, esta técnica ya está extendida en el extranjero. La Asociación Internacional para la Desalinización, que reúne científicos, industriales y ONG, contabiliza más de 17.000 instalaciones de este tipo en todo el mundo. En total, más de 300 millones de personas dependen de ellas para sus necesidades de agua. "Los que más lo usan son Arabia Saudita e Israel. En los últimos años, los países del Magreb también han invertido masivamente en estos sistemas", explica Fabienne Trolard. "La razón es simple: en estos países áridos donde el agua dulce escasea, es una de las únicas soluciones". En Jordania, se instalará una de estas desaladoras en la orilla del mar Rojo en 2026 y, si todo va bien, producirá entre 250 y 300 millones de metros cúbicos de agua potable al año, es decir 750 millones de litros de agua por día.

Pero esta técnica tiene varios inconvenientes. "Las plantas de desalinización consumen mucha energía y son poco económicas para los municipios", explica Trolard. "Pero sobre todo, producen residuos, salmueras con las que nadie sabe qué hacer". En promedio, según un informe de la ONU, por cada litro de agua dulce generado se deshecha también 1,5 litros de esta aguasal, normalmente al mismo océano, desequilibrando los ecosistemas.

Atrapar la niebla y el rocío

En otros lugares del mundo, existe una miríada de soluciones a pequeña escala. Chile, por ejemplo, recolecta cada año más litros de agua a partir de la niebla. Esta técnica existe desde la era precolombina y es sencilla: redes de una malla muy tupida se instalan los días de niebla. Las pequeñas gotas se quedan atrapadas y se escurren en contenedores. Este procedimiento es económico, ecológico y natural, pero solo funciona en unas condiciones meteorológicas muy específicas.

En la misma línea, Laurent Royon, investigador en el Laboratorio Interdisciplinar de las Energías del Futuro, en París, estudia la posibilidad de recuperar las gotas de rocío. "Esta técnica se podría usar en todo lado, incluso en los desiertos, donde hace frío por la noche", indica el científico, que cita investigaciones en marcha en India, Benín y Marruecos. Pero su uso es igualmente limitado, ya que apenas se recolecta medio litro por metro cúbico.

Desplazar icebergs, hacer llover... algunos "milagros" polémicos

Hasta ahora, las medidas descritas se usan a mediana o a gran escala en varios lugares del mundo. Pero hay científicos que quieren ir todavía más lejos y buscan sacar agua de reservas que todavía no han sido explotadas. En un estudio publicado en mayo titulado 'Los recursos en agua no convencionales', investigadores de la Universidad de las Naciones Unidas daban una decena de ideas.

Sin embargo, algunos de estos caminos parecen ser, al final, contraproducentes. Por ejemplo, "sembrar" nubes permitiría desencadenar la lluvia en el momento deseado. Estudiada desde los años sesenta, especialmente en China, esta idea busca explotar el agua que está presente en la atmósfera en estado gaseoso, en las nubes. Solo entre el 10 y el 15% del agua contenida en las nubes termina precipitando en forma de lluvia. Enviando aerosoles mediante pequeños cohetes, los investigadores creen que podrían aumentar la cantidad de lluvia. El primer problema es que la eficacia de esta técnica está en duda, pero el segundo es más grave: modificar la meteorología de esta forma podría provocar reacciones en cadena difíciles de anticipar.

Igual de sorprendente es otra propuesta: hay científicos que estudian la posibilidad de desplazar icebergs, que están compuestos por agua dulce. Durante casi cuarenta años, el ingeniero francés George Mougin se ha dedicado a esta idea. Mougin incluso a intentado desplazar estos inmensos bloques de hielo a países sometidos a sequías. En 2010, sus experimentos permitieron concluir que harían falta cinco meses y 4.000 toneladas de petróleo para transportar un iceberg de Canadá a las islas Canarias. Una propuesta que parece plagada de problemas tecnológicos, ecológicos y financieros.

*Artículo adapatado de su original en francés