Agnès Varda: 5 películas para conocer a la cineasta de las playas que reinventó la Nouvelle Vague

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Photo credit: New York Daily News Archive - Getty Images
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Decía Agnès Varda que ella no quería mostrar las cosas, sino darles el sentido de ver. Porque, en sus palabras, "sus ojos eran curiosos" y puede que por eso creyese que "si todos abriéramos las mentes, encontraríamos paisajes". Y paisajes fueron, precisamente, los escenarios sobre los que se basa una de sus obras más emblemáticas, Las playas de Agnés.

Afirmar que esta película es uno de sus buques insignia carece de sentido, porque en realidad, todas lo fueron. Ella se hizo hueco como mujer y cineasta en la cautivadora época de cambios de la Nouvelle Vague, transformó las películas del momento, creó un estilo propio y retrató al ser humano desde su parcela más real. Se acercó a él, lo exploró e indagó en las personas bajo un prisma experimental único, que era el mismo con el que concebía, también, a cualquier objeto que le rodeara. Para ella la belleza solo existía si uno intentaba buscarla. Y puede que por eso -y por su mirada curiosa- durante el rodaje de Los espigadores y la espiga (2000), ella viera corazones en la recogida de patatas. Puede que también por eso encontraba algo bello en cada minuto que vivía.

Fue de las pioneras en hacer conocido el cine dirigido por mujeres. Ganó el León de Oro en 1985 durante el Festival de Cine de Venecia, la Palma de Honor del Festival de Cannes en 2005, el Premio César en 2009 y en 2017, tan solo dos años antes de morir, el Premio Donostia del Festival de cine de San Sebastián, se alzó con el Oscar honorífico por su carrera. Para hacer conocer a Agnés hace falta poco, pero para hacerlo, eso sí, es fundamental ver sus películas. En Harper's Bazaar recogemos cinco que recorren diferentes momentos de su vida y que resultan imprescindibles para adentrarse en su mágico y creativo mundo.

Photo credit: Micheline PELLETIER - Getty Images
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Traspasando la pantalla: las historias de Agnès Varda

La Pointe Courte (1955)

Si algo ha caracterizado siempre a Varda en el cine esto ha sido su afán documentalista. A los 26 años y sin apenas presupuesto, la cineasta debutó con La Pointe Courte, un documental sobre el pueblo pesquero que lleva el mismo nombre y una historia de amor que envuelve sus calles entre dos protagonistas aparententemente opuestos: una parisina y un lugareño de la villa.

Cleo, de 5 a 7 (1962)

París, años 60. Cleopatra es una cantante que espera unos resultados médicos. Temerosa de la conclusión final de sus análisis, Cleopatra nos permite acompañarle durante la hora y media de espera de los mismos en un mes de junio con un único fin: que empaticemos con la protagonista y experimentos, junto a ella, su temor y dolor, pero también los momentos de alegría que le distraen durante la espera. Un recorrido magnífico en el que la cineasta experimenta con los momentos y los espacios, en el que, también, nos ayuda a distinguir las diferentes maneras que puede haber de vivir 90 minutos según las circunstancias y contextos.

Los espigadores y la espigadora (2000)

El cuadro de Las espigadores de Millet llevó a Agnès Varda a explorar más el mundo de los recolectores o espigadores, personas que recuperan objetos que los demás abandonan. La cineasta se acerca, por primera vez, a lo digital, se convierte también en una espigadora y, a modo de documental, recoge diferentes imágenes y relatos de personas que dedican sus días a encontrar esa belleza que a ella también le define en, casi, cualquier cosa.

Personas que recogen los últimos frutos de los árboles para hacer aguardiente, asalariados que por ética se alimentan de lo que se encuentran en los cubos de basura o traperos que recogen pizarra, envoltorios o reciclan materiales para dar forma a nuevas obras de arte. Pioneros del upcycling.

Las playas de Agnès (2008)

Cada capítulo de la vida de la cineasta se traslada a esta emblemática obra de la belga. Traza su experiencia en primera persona. Ella está detrás y delante de cámara. Nos acerca a su narrativa, a los lugares y personas que le ayudaron a crear, a la constancia que le hizo ser una de las más reconocidas y a la particular perspectiva de esa tan característica mirada suya, que la llevaron a aprovechar cada segundo hasta lograr convertirse en la directora de cine más longeva, por Rostros y lugares (2017).

Rostros y lugares (2017)

"El objetivo es el poder de la imaginación", dice Agnès Varda en el que fue su último documental, Rostros y lugares, realizado junto al artista gráfico urbano y fotógrafo Jean Renè.En él, ambos creadores se conocen, intercambian conversaciones que distinguen a dos generaciones diferenciadas y unen sinergias para llevar a cabo su mayor pasión: la de fotografiar nuevos rostros para que no se pierdan en la memoria.

Agnès Varda sumó en vida nueve títulos como directora, pero también fue actriz. Hoy hace tres años que nos dejó, pero siempre podemos recuperarla a través de su filmografía.


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