Qué es la agamia, el modelo de relación que romperá tus esquemas

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Photo credit: Andrii Lutsyk/ Ascent Xmedia - Getty Images
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No vamos a jugar al misterio, sino que vamos a comenzar explicando qué es la agamia, por qué cada vez más personas la abrazan y sobre todo, la razón por la que resulta liberadora. La agamia consiste en un modelo basado en la no formación de parejas que, pese a ser cada vez más aceptado, exige aún muchos sacrificios pues supone ir en contra de los estándares que la sociedad dicta. La agamia es un modelo diferente y opuesto al sistema monógamo heteronormativo, pero también a cualquiera de sus alternativas, y confía plenamente en que la pareja es una estructura innecesaria. Por ello, la sociedad y la vida de sus integrantes han de formularse en su desentendimiento. Nerea Pérez de las Heras, co presentadora junto a Inés Hernand del podcast ‘Saldremos mejores’, señala que el microfeminismo que juega un papel más prominente en su vida es “la sustitución de la jerarquía de las relaciones y los afectos que nos ha impuesto el patriarcado, que pone a la pareja heterosexual arriba de todo. Yo pongo en su lugar a las amigas como centro, tribu, núcleo de apoyo y comunicación”, señala.

Quienes abogan por la agamia aseguran que el amor, lejos de ser un sentimiento, es una ideología que indica cómo han de ser nuestras relaciones. Hablamos con Raquel Manchado, directora y editora de Antorcha Ediciones, sobre esta ética relacional. “Se trata de una crítica a la ideología amorosa, pero el que no formemos parejas no quiere decir que no nos relacionemos ni que no sintamos apego o admiración. Lo que sí hacemos es poner en duda por ejemplo el enamoramiento, lo que no nos permite racionalizar y lo que nos empuja a lanzar expectativas ilegítimas. Es una herramienta para someternos y relacionarnos mal, y nosotras queremos relacionarnos bien”, explica.

Photo credit: Klaus Vedfelt - Getty Images
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Al ser culturalmente el amor o el ser amado diferente para hombres y mujeres, pues el imaginario nos inculca la idea de que hemos de ser queridas a costa de todo, la agamia se opone a un patrón de conducta vinculado con el paroxismo. “¿Qué se tiene que esperar cuando siento algo? Querer limitar el contacto con el mundo o la vida sexual, querer ser la más importante para el otro… Es un patrón ya escrito que se pone en marcha tras el enamoramiento. Pero si el enamoramiento es un sentimiento, ¿no tendría que poner en marcha semejante maquinaria? Es por ello un marco en el que enzarzamos la vida y las expectativas, no es un sentimiento”, asegura Raquel Manchado.

El peso otorgado a la idea de exclusividad en una relación amorosa nos educa para aspirar a la utopía de descubrir “el amor verdadero”. Sin embargo, ese amor, lejos de traer consigo esa felicidad que promete, supone en muchos casos el origen de nuestras miserias. En este marco Aura García-Junco escribe ‘El día que aprendí que no sé amar’, donde nos invita a repensar los patrones que mantienen a la sociedad dividida en un binarismo que cosifica al otro. Hablamos con la autora sobre la desilusión generalizada que existe en el campo de las relaciones. “Querer abrazar un tipo de relación que dure toda la vida supone abrazar la irrealidad, porque las relaciones, en la mayoría de los casos, se terminan. Tiene que ver con el feminismo, con el sistema económico y con la inestabilidad que nos propone, que no sólo nos brinda una serie de incertidumbres que antes no existían. El capitalismo influye en cómo nos influenciamos. Por su parte el feminismo hace que ya no aceptemos cosas que antes sí aceptábamos, y los hombres se han quedado detrás de estas expectativas. Hay un desfase”, explica la autora.

Photo credit: Flashpop - Getty Images
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Por su parte Juliana Abaúnza, escritora de ‘Series largas, novios cortos’, aspira a poder vivir en un mundo en el que pasar la vida sin pareja sea tan respetado como vivir acorde al amor romántico dual. “Vivo la agamia desde incluso antes de saber que existía el término, y creo que el amor romántico sí tiene mucho que criticar. Sin embargo, no me gusta vivir mi vida en absolutos. Conozco a personas para quienes el amor romántico (deconstruido, conversado y trabajado) ha sido liberador y ha sido satisfactorio. Por ello, no me atrevo a decir cosas como que nunca nadie debería estar en pareja y nunca nadie debería enamorarse. Lo que sí digo es que, así como vivimos en una sociedad que acepta a las parejas y al amor romántico, deberíamos vivir en una sociedad que también acepte la soltería, la agamia, el arromanticismo, la no-monogamia y cualquier forma de vincularse y relacionarse que se salga de la norma”, explica. Indica que aunque la sociedad cada vez ve menos la solería como un fracaso, sí sigue viéndola “como algo raro, como un estado pasajero y transicional del que en algún momento se saldrá”.

Ya hemos señalado que el feminismo descentraliza el papel de las parejas, especialmente cuando se trata de una pareja heterosexual monógama. La agamia, aunque sobre el papel está clara, no es fácil de llevar a cabo en una sociedad que nos incita a tener pareja. Hablamos sobre esta problemática con Aura García-Junco. “Las relaciones no tienen que ser algo tan central, pero es más amplio en la enunciación que en la realidad, porque en la cotidianeidad la pareja sigue siendo la unidad mínima y la más importante en la vida de la gente. Es importante poner límites, porque la inercia te llevará a que sigas las relaciones más tradicionales y a que lleves a tu pareja incluso al café íntimo que te ibas a tomar con una amiga. Si de verdad queremos construir hacia otro lado, hemos de poner límites y comenzar a darle espacio y tiempo de calidad a amigos, proyectos comunitarios, proyectos de activismo… No es algo fácil, no sólo porque nuestra educación y nuestro contexto nos dicen que vayamos hacia la pareja, sino porque la propia pareja además te exige a veces una dinámica determinada. Por ello, requiere un esfuerzo, no es algo exento de sacrificios”, explica, sin dejar de mencionar que las redes sociales también influencian lo que consideramos es una relación ideal.

Para terminar, en nuestra conversación con Raquel Manchado, la directora y editora de Antorcha Ediciones lanza una pregunta final que sin duda, abre un nuevo debate. La autora señala que “la gente está muy enganchada a los dramas” y que cuando un amiga se enamora, recibe toda la atención del grupo y es capaz de monopolizar la conversación. Tras hablar de esta intensidad estéril, habla de cómo el enamoramiento normaliza ciertos actos que tilda de “aberrantes”. “Te exime de ser ética, y cuando la narrativa cultural te libera de eso y todos lo hacen, terminas por no plantearte nada. Como todo el mundo lo hace, hay quien chantajea y coarta en nombre del amor. ¿Y si el amor tiene que ver con los feminicidios?”, se pregunta. Y aquí dejamos un melón por abrir que sin duda, dará pie a un profundo debate.

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