Adrien Brody: del Óscar a brillar sin hacer ruido en Hollywood

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Pocos premios Óscar se sintieron tan absolutamente merecedores como el que ganó Adrien Brody por El Pianista. Su desgarradora interpretación como superviviente del Holocausto en el drama biográfico de Roman Polanski quedó grabada a fuego en el recuerdo de los cinéfilos del mundo, lanzando su nombre al estrellato hollywoodense como el intérprete más joven en ganar el Óscar a Mejor Actor a los 29 años (todavía mantiene el récord). Sin embargo, aquel inolvidable trabajo interpretativo lo llevó por el camino del encasillamiento inesperado haciendo que poco a poco le perdiéramos la pista entre las grandes producciones que fueron llegando a la cartelera desde aquella película de 2002. Es más, durante un tiempo lo tuvimos en el radar mediático simplemente por ser el novio de Elsa Pataky, regalarle una casa y remodelarla como un castillo en las afueras de Nueva York.

Pero que Adrien no ilustre pósteres de blockbusteres o más dramas intensos con sabor a premio no significa que haya desaparecido, que Hollywood le haya dado la espalda o viva un declive profesional. Nada más lejos de la realidad. Solo hay que mirar más lejos de la fachada comercial de la industria y encontramos a uno de los mejores actores de su generación, que no necesita grandes aspavientos, ni superproducciones ni papeles protagonista para dar la nota con su talento. Y la última prueba la encontramos por sorpresa y sin aviso en un capítulo de Succession.

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La magnífica serie de HBO se encuentra emitiendo su (maravillosa) tercera temporada con un capítulo nuevo cada semana. Y es precisamente en el cuarto, recientemente añadido a la plataforma, que descubrimos a Adrien Brody cumpliendo un rol de magnate guaperas, tan manipulador como la familia protagonista, pero sirviendo como mero actor invitado. Ni protagonista, ni secundario ni papel principal de ganador de Óscar, sino que despliega su talento simplemente porque le apetece, porque la historia saca algo nuevo en él, porque le desafía. Y lo hace como invitado en dos episodios de toda la temporada. Es decir, lo de ego de estrella no va con Adrien Brody.

Su primera aparición tiene lugar en el cuarto capítulo, dando vida a un inversionista llamado Josh Aaronson con suficiente poder como para influenciar votos en la junta de accionistas que podrían dejar a la familia Roy fuera de juego. De esta manera, vemos al padre protagonista Logan Roy (Brian Cox) y su hijo Kendall Roy (Jeremy Strong) uniendo fuerzas a regañadientes para persuadir, mimar y convencer a este accionista de ideas muy claras. El encuentro sirve para diseñar un cara a cara entre padre e hijo tras la división familiar que hizo explotar el final de la segunda temporada, dejando en evidencia la vulnerabilidad de la familia pero sobre todo, la de Logan por la edad y la de Kendall por su padre en general.

De esta manera, Adrien Brody saca todo un arsenal de simpatía y confianza creando un empresario guaperas, de estereotipo moderno, pero con el beneficio propio como único punto de partida. Él sirve de nexo para crear un ambiente de tensión y dudas a través de una interpretación que transpira seguridad en sí mismo, arrogancia y aires de manipulación cordial. El actor brilla entre los dos protagonistas y por momentos incluso logra robarse nuestra atención completa, haciendo que queramos volver a verlo pronto de nuevo. Y así será porque su papel repite en el quinto episodio.

Brody será un actor ganador del Óscar, dueño de un momento polémico e histórico en la ceremonia como el beso robado a Halle Berry, pero no deja de estar entregado a su profesión por el camino que más le convenza como actor. Y es por eso que de vez en cuando nos sorprende apareciendo de golpe en una serie, dejando huella como actor secundario o con una mera aparición sin pretender que por haber ganado el Óscar merece una atención diferente. Él brilla con su talento apostando por los papeles que lo desafían y no si el proyecto le permite ser estrella o estar entre la élite de Hollywood.

Es más, él mismo ha comprobado que con estos papeles más pequeños encuentra desafíos más interesantes. Lo vimos a finales de 2017 en Peaky Blinders cuando interpretó al hijo de una familia mafiosa italiana, Luca Changretta, que llegaba a Birmingham con sed de venganza, convirtiéndose en un enemigo letal para la familia protagonista. Solo estuvo una temporada pero su presencia fue absolutamente sublime. Tanto que su partida, o desenlace, nos dejó con la sensación de que jamás volveríamos a ver otro villano tan entregado como él en toda la serie.

A su vez,Wes Anderson es un director que suele sacar su faceta más cómica con apenas unas pocas secuencias, algo que a Adrien Brody siempre quiso hacer en su trabajo pero no todos los papeles que le ofrecían se lo permitieron. Como es el caso de la recientemente estrenada La crónica francesa donde comparte un capítulo de la historia con Benicio del Toro, sin ser protagonista pero dejando huella como un estafador apasionado. Y anteriormente en El gran hotel Budapest o Viaje a Darjeeling. Incluso Woody Allen sacó de él un Salvador Dalí para el recuerdo con apenas un puñado de escenas en Medianoche en París.

Lo cierto es que después de ganar el Óscar, Adrien Brody probó suerte con grandes producciones pero sin repetir la misma suerte. En 2017 dijo que la conversación y éxito que generó El Pianista hizo que el mundo lo viera como “un actor dramático muy serio”, llevándolo por el camino de la amargura de ser encasillado (Independent). Pero para un actor que ansía expresarse al máximo, en todas las maneras posibles y ser todo un “camaleón” de la interpretación, ese encasillamiento no lo llevaba a ningún lado.

Quizás eso explica que quisiera sacudirse la etiqueta apostando por fracasos de crítica como El Bosque o de taquilla en The Jacket. Que quisiera probar con la acción aventurera con el desastre financiero que fue King Kong de Peter Jackson o que incluso jugara al terror con Predators, un reboot que ya de por sí no inspiraba altas expectativas. Sin embargo, para él no se trata del éxito financiero sino de su propio éxito profesional. Por un lado porque le parecía divertido “meterse en los zapatos de Arnold Schwarzenegger” mientras que el hecho de que funcionara en taquilla y generara beneficios le reportaba satisfacción profesional.

Después de la cuarta temporada de Peaky Blinders, el actor ha hecho de todo un poco. Además de pintar en sus ratos libres, sigue trabajando sin cesar y así como pasa por alguna producción rápidamente olvidable como Air Strike con Bruce Willis, vuelve a trabajar con Wes Anderson o protagoniza y coescribe el drama independiente Clean (que todavía está pendiente de estreno). Pero además también protagoniza su propia serie de misterio basada en un cuento de Stephen King, Chapelwaite (disponible en España en HBO Max), aparece de invitado en Succession y tiene una larga lista de películas en postproducción que verán la luz a partir de 2022. Alguna protagoniza, alguna no (como el biopic de Marilyn Monroe, Blonde,donde acompaña a Ana de Armas con un papel secundario) pero seguramente seguirá sin dejarnos indiferentes.

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