El riesgo para la salud de usar algunos aditivos al hacer postres caseros

Mónica De Haro
·6 min de lectura

Expertos en seguridad alimentaria advierten del riesgo que corremos por tomar aditivos en alimentos, especialmente los menores de edad, que están "potencialmente muy expuestos" y piden que se elimine de la lista de aditivos alimenticios permitidos

La legislación vigente mantiene que las dosis aprobadas de aditivos y colorantes son seguras. Sin embargo, cada vez hay más voces que aseguran que no es así, y los últimos estudio también los sugieren. (Foto: Getty)
La legislación vigente mantiene que las dosis aprobadas de aditivos y colorantes son seguras. Sin embargo, cada vez hay más voces que aseguran que no es así, y los últimos estudio también los sugieren. (Foto: Getty)

Con la noche de Halloween y las Navidades en el horizonte es buen momento para plantearnos una cuestión que lleva años debatiéndose. Casi todos tenemos claro que los dulces y la bollería industrial son malos, y que abusar de este tipo de alimentos ultraprocesados puede deteriorar nuestra salud, aunque no sabemos con exactitud cómo y por qué. Además, pensamos que si hacemos los cruasanes en casa son más saludables. Pues bien, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) señala cuáles son los peores ingredientes.

Algunos aditivos y sustancias químicas que se utilizan para dar color a productos de pastelería, chicles, caramelos, chocolatinas y helados podrían incrementar el riesgo de desarrollar un cáncer en todos los grupos de edad.

Cuidado con las elaboraciones caseras, elige bien los ingredientes y evita las decoraciones o <em>toppings </em>con conservantes. (Foto: Getty)
Cuidado con las elaboraciones caseras, elige bien los ingredientes y evita las decoraciones o toppings con conservantes. (Foto: Getty)

Así lo ha advertido la EFSA, que también ha confirmado los posibles efectos perjudiciales que algunos aditivos como el dióxido de titanio (E171) y la acrilamida pueden tener sobre los menores de edad. “Las exposiciones orales a neopartículas de dióxido de titanio son de 1 mg por kg de peso corporal diario para adultos. Sin embargo, estas son de dos a cuatro veces mayor en niños", señalan.

Una postura compartida con la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) que ya clasificó a esta sustancia como un compuesto posiblemente cancerígeno para los seres humanos”.

Muchas galletas y bizcochos superan en su composición los límites permitidos de estos compuestos químicos y por eso, países como Francia prohibieron los alimentos con E171 desde enero de este año en una decisión que ha sido respaldada por las firmas de unos 85.000 ciudadanos europeos.

Todavía hay muchas incertidumbres sobre los efectos en la salud de estos aditivos, y no hay acuerdo en cuanto a cuál sería la ingesta diaria admisible. Sin embargo, el hecho de que en principio el dióxido de titanio esté autorizado, no quiere decir que sea seguro para la salud del consumidor. De hecho, los expertos consideran que un consumo elevado de productos que contengan estas sustancias en su composición podrían tener tres efectos principales:

  1. Inciden en la microbiota, provocando posibles efectos adversos en el tracto gastrointestinal.

  2. Causan trastornos en el sistema inmunitario.

  3. Aceleran el desarrollo de lesiones en el colon.

Varias investigaciones han probado estos efectos de los aditivos sobre el organismo. La voz de alarma partió del National Institute for Agronomic Research (Instituto Científico de Investigación Agronómica de Francia), con un estudio que probó que las nanopartículas de dióxido de titanio atraviesan la barrera intestinal, pasando al torrente sanguíneo y llegando a cualquier parte del cuerpo humano.

Otro estudio de la Universidad de Sidney, publicado en la revista Frontiers in Nutrition, investigó los efectos del dióxido de titanio en la salud intestinal en ratones y encontró que el dióxido de titanio no cambió la composición de la microbiota intestinal, sino que “afectó la actividad de las bacterias y promovió su crecimiento en una forma de biopelícula no deseada”.

“Las biopelículas son bacterias que se unen y la formación de biopelículas se ha informado en enfermedades como el cáncer colorrectal”, explica Macia, profesora e inmunóloga experta en los impactos de la microbiota intestinal y intestinal en la salud de la Facultad de Medicina y Salud y el centro Charles Perkins.

“El objetivo de esta investigación, realizada con ratones, es estimular las discusiones sobre nuevos estándares y regulaciones para garantizar el uso seguro de las nanopartículas en Australia y en todo el mundo”, añadió el profesor asociado Wojciech Chrzanowski, coautor principal del estudio. No obstante, desde la EFSA subrayan la necesidad de llevar a cabo nuevas investigaciones que expliquen los efectos potenciales de este pigmento en el sistema reproductivo.

Y una tercera investigación advierte del peligro de estas nanopartículas cuyas propiedades fisiológicas únicas causan preocupación. "Las partículas más grandes no se absorberán fácilmente, pero las más pequeñas podrían ingresar a los tejidos y acumularse en algún lugar", apunta Hang Xiao, del departamento de Ciencias de los Alimentos y del de Microbiología del Instituto Aplicado a las Ciencias de la Universidad de Massachusetts Amherst (EEUU).

Dónde está el peligro

El consumo de dióxido de titanio ha aumentado considerablemente en la última década y aunque está aprobado en los alimentos, no hay pruebas suficientes sobre su seguridad (aquí tienes la guía de la FDA que aclara el uso seguro de pigmentos de dióxido de titanio como colorante de alimentos) y se ha relacionado su consumo con varias afecciones médicas.

A pesar de que se sospecha que podría desencadenar enfermedades inflamatorias intestinales o cáncer colorrectal, el dióxido de titanio es un aditivo muy utilizado en caramelos y también se puede encontrar en chicles, mayonesa o productos de pastelería.

De hecho, el E171 se consume a diario en alta proporción ya que está presente en más de 900 productos alimenticios como leche baja en grasa, sustitutos de crema para café, polvos para preparar aguas de sabores, dulces y confitados con el fin de darles una apariencia más atractiva, así como a algunos multivitamínicos y medicinas en tabletas. También se usa como agente blanqueador.

Es importante señalar que aunque se ha usado comúnmente en medicamentos, alimentos, ropa y otras aplicaciones, los posibles impactos de la ingesta de nanopartículas de metales en la salud aún no se conocen bien sus efectos a largo plazo.

No obstante, las crecientes tasas de demencia, enfermedades autoinmunes, metástasis del cáncer, eccema, asma y autismo se encuentran entre una lista cada vez mayor de enfermedades que se han relacionado con la creciente exposición a estas nanopartículas.

Qué pasa con la acrilamida

Se trata de una sustancia química, producida de forma natural cuando productos con almidón y asparagina son cocinados a altas temperaturas (a más de 170 grados con baja humedad), que incrementa el riesgo de desarrollar un cáncer en todos los grupos de edad. Esto ocurre, por ejemplo, al hornear, freír o tostar los alimentos, adquiriendo con ello un tono tostado.

Por eso, desde la EFSA recuerdan aunque que "el principio de precaución" debe guiar la política alimentaria y que los niños figuran entre los más expuestos a estas sustancias. Por lo que deben ser protegidos. En sentido, advierten de que las galletas y los bizcochos, que muchas veces llevan embalajes dirigidos a los menores, deben ser sometidos a nuevas exigencias.

Desde el punto de vista dietético, ni una galleta ni un pastel de chocolate son saludables. Cosa distinta es que esas natillas de chocolate que tomas de postre o los pasteles del domingo te proporcionen pequeños momentos de felicidad y bienestar social y mental. En este sentido sí son saludables aunque no formen parte de la definición de “dieta saludable”. La mejor opción para disfrutar de estos alimentos con seguridad es evitar todo tipo de producto coloreado y huir de la comida prefabricada.

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