Un actor de 'Succession' lanza una puñalada a Johnny Depp donde más le duele

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Que Johnny Depp tiene una legión de fans a sus espaldas queda demostrado cada vez que surge una noticia en relación con su vida privada o aparece en una alfombra roja. Básicamente porque la filmografía que arrastra a sus espaldas ha dejado huella en el recuerdo cinematográfico a través de personajes que destilaron su talento camaleónico. Sin embargo, no todos están de acuerdo en vanagloriarlo como actor. Es más, hay quien piensa que lo conseguido por Johnny lo habría hecho cualquiera. Que en sus trabajos no hay ningún logro profesional propio. Que es fácil.

Ese alguien es Brian Cox, un portento interpretativo en el mundo artístico con experiencia suficiente como para dictar sentencia.

Brian Cox en la tercera temporada de Succession (Macall Polay; cortesía de HBO)
Brian Cox en la tercera temporada de Succession (Macall Polay; cortesía de HBO)

El actor escocés de 75 años ha vuelto recientemente a nuestras vidas a través de la tercera temporada de Succession. La magnífica serie de HBO ha regresado a la plataforma (ahora HBO Max) con una tanda de episodios que sentencian una vez más que estamos ante una de las mejores historias del streaming, y con Brian Cox ocupando su papel de ese padre frío y manipulador que es Logan Roy, pero aportando un giro trascendental para la trama al colocarlo bajo la lupa de la vulnerabilidad. Y Cox vuelve a demostrar con creces por qué es uno de los intérpretes más venerados y activos de su generación. A él nunca le falta trabajo.

Y es por eso, por su larga trayectoria y talento indiscutible -habiendo interpretado a Hannibal Lecter en Hunter (1986) y decenas de personajes inolvidables- que sus opiniones sobre la industria y el arte dramático cargan con el peso de la experiencia. Y para darlas a conocer ha escrito un libro. Unas memorias donde no deja títere con cabeza. Y en el caso de Johnny Depp hasta sin disfraz ni tijeras.

En Putting the Rabbit in the Hat, una biografía que recién se publicará el próximo mes de enero, Brian Cox se despacha de lo lindo sobre sus compañeros de profesión, tanto aquellos con los que ha trabajado como los que no. Por sus páginas pasan sus opiniones sobre David Bowie, Edward Norton, Keanu Reeves, Morgan Freeman, Steven Seagal y, como apuntaba al principio, Johnny Depp.

Y no se corta. Si bien nunca trabajó a su lado -incluso rechazó aparecer en Piratas del Caribe- Brian Cox no cree que Johnny tenga el talento camaleónico que tanto le aplaudimos. Es más, que cualquiera podría haber ocupado su lugar.

Aunque estoy seguro de que es agradable, [él] es tan exagerado, está tan sobrevalorado” asegura según recoge Big Issue. Es decir, Eduardo Manostijeras. Afrontémoslo, si llegas [al set] con manos como esas y pálido, con maquillaje de cicatrices en la cara, no tienes que hacer nada. Y él no lo hizo. Y subsecuentemente ha hecho incluso menos”.

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Una sentencia radical que no hace falta desmenuzar mucho. Para Brian Cox, llevar toda la parafernalia que suelen cargar los personajes más exitosos de Depp hace que cualquiera pueda interpretarlos, que no hay talento interpretativo alguno cuando el maquillaje, las prótesis y el vestuario son la verdadera creación del personaje. Y en cierto sentido debo darle la razón. Si bien soy de las que opinan que Johnny Depp es mucho mejor actor que sus películas más taquilleras, y que sus mejores trabajos están en las producciones menores y más independientes de su carrera, no puedo evitar coincidir con el retrato que pinta Brian Cox.

Si observamos las caracterizaciones de Piratas del Caribe, del Sombrero Loco en Alicia en el País de las Maravillas y su secuela, el lobo de Into the Woods, al Tonto de El llanero solitario, el Barnabas de Sombras tenebrosas, Sweeney Todd, Willy Wonka y Eduardo Manostijeras, el análisis que propone Cox salta a la vista. Entre tanto vestuario y maquillaje, Johnny Depp se deja llevar pero no es que un personaje destaque mucho del siguiente. Es decir, todos parecen estar unidos por una especie de denominador común. Sin embargo, a esas estrambóticas caracterizaciones las solemos señalar como el ejemplo del talento camaleónico de Depp, pero si lo pensamos a fondo, ese talento en realidad existe en la transición que realiza cuando sale de esos papeles de apariencia exagerada y se mete en otros más sufridos y realistas. De todos modos, teniendo en cuenta las palabras de Brian Cox, se entiende que él está hablando de lo sobrevalorado que estuvo en su mejor época cinematográfica, aplaudido y cobrando millones de dólares cuando el vestuario y maquillaje hacían su trabajo.

Y es precisamente eso, las transformaciones físicas más extravagantes las que le han valido una legión de fans gracias a películas que fueron éxitos de taquilla. Fans que todavía siguen a su lado en plena guerra mediática contra su ex, Amber Heard, y las acusaciones que lo han alejado de las grandes ligas de la industria.

Johnny Depp en el Deauville American Film Festival (Foto: Sylvain Lefevre / WireImage / Getty Images)
Johnny Depp en el Deauville American Film Festival (Foto: Sylvain Lefevre / WireImage / Getty Images)

Cox cuenta en su libro detalles de su vida hasta ahora desconocidos, como que perdió a su padre siendo un niño de 8 años y creció con ayuda de sus tres hermanas mayores dado que su madre sufría crisis mentales que derivaban en hospitalización. Supo que quería ser actor desde muy joven, uniéndose a una compañía de teatro local mientras que a los 17 se graduó de la Academia de Música y Arte Dramático de Londres.

Sin embargo, Johnny Depp no es el único que no sale bien parado en su libro. De Edward Norton -con quien trabajó en La última noche- dice que es “buen tipo pero un grano en el culo” por querer ser guionista y director. De Steven Seagal (Glimmer Man) recuerda que es “tan ridículo en la vida real como parece en pantalla”, mientras que David Bowie no le impresionó en la serie Redcap, notando que no era “un actor particularmente bueno”.

Los únicos que salen airosos son Keanu Reeves y Morgan Freeman, sus compañeros en Reacción en cadena. Del primero cree que es un “buscador” que se ha hecho “bastante bueno con los años”, y del segundo se quedó impresionado por su caballerosidad cuando en el rodaje “reinaba el caos”. Dice que fue “el epítome de Morgan Freeman. El Morgan Freeman que esperarías conocer. El Morgan Freeman que encuentras en tus sueños”.

Aunque probablemente enfade a más de uno con sus palabras, a sus 75 años y con una vida llena de experiencias, Brian Cox asegura que quería ser sincero en su libro y que por eso fue “catártico” y “necesario”. “Era importante para mí porque he llegado a cierta edad y quería observar las cosas bajo la luz de la experiencia y ser tan sincero como pudiera” dijo a The Scottsman.

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