‘Gladiator’ o ‘Braveheart’ tendrían muy difícil ganar el Óscar con las nuevas normas de la Academia

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Tras ser el centro de las críticas por la falta de nominados que representen minorías, diversidad e igualdad de género, la Academia sigue dando pasos para romper de una vez por todas con una industria que no termina de dar cambios radicales. Ahora, la propia institución los exigirá. O más bien los demandará, haciendo que los días de las películas protagonizadas, dirigidas, editadas, fotografiadas, musicalizadas, diseñadas y lideradas por hombres heterosexuales estén contados.

La cuenta regresiva ha comenzado y si un estudio quisiera nominar una película como Braveheart, Salvar al soldado Ryan, El irlandés, Dunkerque o Gladiator, a partir de 2024 tendrá que mirar con lupa a quién contrata en su equipo técnico, creativo y artístico.

Carteles de Braveheart y Gladiator (Fox, Universal)
Carteles de Braveheart y Gladiator (Fox, Universal)

Básicamente, la Academia ahora demandará que si una producción quiere acceder al Óscar a Mejor Película deberá cumplir dos de los cuatro "estándares" diseñados para "representar la diversidad global". Y para cumplir con uno de ellos, solo hace falta cumplir con uno de los requisitos impuestos. Es decir, si el "estándar A" tiene tres requisitos, solo es necesario cumplir con uno de ellos para dar por cumplido el estándar elegido. Parece complicado, pero no lo es. Visto con lupa, muy pocas producciones se quedarían fuera.

El "Estándar A" se refiere a la representación en pantalla, y sus requisitos incluyen que al menos uno de los protagonistas o actores secundarios relevantes formen parte de una minoría racial (que para la Academia son asiáticos, hispanos/latinos, africanos/afroamericanos, aborígenes, del Medio este o Norte de África, hawaianos nativos o de islas del Pacífico y otras etnias); o que al menos el 30% del reparto secundario y otros personajes menores formen parte de "al menos" dos grupos bajamente representando (mujeres, grupos raciales, LGTBQ+ y personas con discapacidades); o que la trama principal de la historia esté centrada en minorías. Vamos, que de un equipo de 100 personas, solo 3 deben pertenecer a "minorías".

Con cumplir uno de estos tres, ya se estaría superando el "estándar A" y sería cuestión de cumplir uno más de los cuatro para entrar en competencia.

El "Estándar B" se refiere a la misma igualdad pero en el liderazgo creativo o equipo donde dos líderes deben pertenecer a minorías, y al menos uno debe formar parte de grupos raciales (y también se habla de que un 30% del equipo técnico pertenezca a minorías), el "C" habla de acceso a oportunidades a través de becas asalariadas y de oportunidades para minorías, y la "D" del desarrollo de audiencia, con la misma representación en equipos de marketing, publicidad y distribución.

Esto lo cumple un estudio de hoy en día sin pensárselo dos veces. Visto con lupa, resulta fácil de cumplir aunque es cierto que la tradición de algunos géneros, como la acción o cine bélico, tendrán que prestar más atención. Y es que, evidentemente, este tipo de producciones y muchos de los largometrajes centrados en personajes masculinos que han pasado por los Óscar en sus 92 años de existencia, jamás entrarían ahora. Son producciones históricamente lideradas por hombres. Por ejemplo, recién ahora se empieza a abrir el camino a mujeres cineastas al mando de cintas de superhéroes.

¿Se acuerdan que El Irlandés hasta redujo la presencia de Anna Paquin a un mero diálogo de siete palabras en 3 horas y media de metraje? Pues es probable que en 2024 no hubiera pasado el corte del “Estándar A”. Quizás hubiera superado el “B” gracias a que solo se pide un 30% de representación de minorías o 2 jefes de departamento que lo representen: su director, guionista, compositor, director de fotografía y diseñador de producción eran hombres. Solo la editora y directora de casting eran mujeres dentro de un equipo técnico enorme y mayoritariamente masculino. Salvar al soldado Ryan o Dunkerque también tendrían que haber hecho bien sus números para ver si cumplirían hoy en día tal y como fueron realizadas al contar con personajes masculinos y un equipo técnico liderado por hombres blancos.

Hasta la ganadora del Óscar en 2001, Gladiator, lo habría tenido difícil. De todo su equipo solo Lucilla representa a mujeres secundarias entre decenas de personajes (la esposa de Maximus no tenía ni diálogo), sin pasar el requisito del “estándar A”. Y solo hay un africano secundario, sin pasar el otro requisito del mismo estándar. El editor, los productores, guionistas, director, fotografía, diseño, decorados... fueron hombres. Recién encontramos una jefa mujer en vestuario, pero es muy probable que si hacemos las sumas de todo el equipo completo no encontremos dos jefas técnicas mujeres o líderes raciales o alcance ese 30% del “estándar B” que pide representación femenina, LGTBQ+, racial o con discapacidades. Y con Braveheart, más de lo mismo. Quizás alcanzarían a superar los requisitos si, a la hora de hacerse, sus estudios contaban con ejecutivos que representaran a las minorías o cumplieran la norma de dar oportunidades a los mismos grupos que piden los estándares “C” y “D”.

Curiosamente la tan criticada Lo que el viento se llevó (1939) habría pasado las normas con su protagonista femenina y personajes secundarios afroamericanos... Quién lo hubiera dicho...

Como periodista de cine he estado en muchos rodajes de superproducciones y aunque sueles ver a mujeres en el departamento de vestuario, maquillaje o entre los extras, la mayoría de rostros que ves en el comedor a la hora del almuerzo, preparando decorados, moviendo piezas y creándolas, detrás de las cámaras, en el sonido y las luces, son hombres blancos. Al menos, así era hasta ahora.

La red se ha llenado de aplausos pero también de muchas críticas contra la Academias por "exigir" unos requisitos que podrían cambiar el tipo de candidatas que veamos a partir de 2024 entre las nominadas a Mejor Película. Ya nos podemos imaginar la lata que nos darán en los próximos años con titulares como "la película que la Academia no quiere en los Óscar" o "la película de tal actor o director consagrado que se queda fuera cuando es la mejor de todas" o "la película LGBTQ que entra a los Óscar por cumplir los requisitos".

Serán unos años de muchos titulares similares...

Incluso no es descabellado pensar que los profesionales más consagrados de la industria -hombres, blancos y heteros- puedan ver sus puestos en peligro ante la necesidad que tendrá un estudio por cumplir los requisitos si tienen un proyecto con opciones de acceder al premio. Pero ya era hora. Las oportunidades deben existir sino Hollywood seguirá siendo un nido donde prolifera en secreto el racismo y la discriminación. Directores latinoamericanos y españoles, películas asiáticas, dramas sobre aborígenes mexicanos y mujeres directoras han demostrado que pueden ser tan o mejor que la película de turno hollywoodense. Pero para llegar hasta allí, muchas producciones y profesionales fueron vistos por el rabillo del ojo en Hollywood.

Evidentemente, cualquier decisión que tome la Academia en pro de la igualdad y diversidad debería ser aplaudida. Sobre todo cuando observamos que solo 19 actores afroamericanos ganaron un Óscar interpretativo o que solo una mujer cuenta con una estatuilla en 92 años. Cuando hacemos las cuentas resulta insólito.

Tras el destape de los escándalos sexuales, de los abusos de poder por parte de ejecutivos masculinos sobre mujeres en la industria, de la falta de oportunidades al contratar actores blancos o exitosos para interpretar a minorías, era hora del cambio. Más de uno puede opinar que la Academia está imponiendo reglas que podrían cambiar la industria, quitando del camino a películas que por su trama, idea o necesidades de equipo no puedan cumplir con los requisitos, pero siempre quedan dos opciones: no ir a por los Óscar (y conformarse con el sobrevalorado Globo de Oro) o diseñar un plan de contratación que los cumpla. Después de todo, de las miles de películas hechas al año solo 9 u 10 son nominadas.

Pero si la Academia ha tenido que optar por esta vía es porque no le quedaba otra. Cuando comenzó la campaña #OscarsSoWhite en protesta por la falta de afroamericanos entre las nominaciones, la institución tuvo que cantar el mea culpa y decidió incluir más diversidad entre sus votantes y, así, cada rincón podría estar representado a la hora de elegir y votar. Pero la cosa no funcionó. Este mismo año solo hubo dos actores pertenecientes a lo que la Academia considera minorías entre veinte nominados. No hubo ni una mujer directora cuando Greta Gerwig era una de las favoritas. Y de las nueve películas nominadas al premio principal, solo dos, Parásitos y Mujercitas, habrían cumplido los nuevos requisitos. Evidentemente la industria no cambia, o no cambia tan rápido como necesitan los premios anuales.

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