Abrojo cara de mono, el pez que se convertirá en la nueva carne blanca

Abrojo cara de mono (Cebidichthys violaceus). Imagen creative commons, crédito: NOAA/MBARI/SWNS.

Hace unos años conté como el pollo (y no el conejo) se convirtió en la “carne blanca”, una fuente de proteínas fácilmente accesible y a buen precio, que pudo expandirse por los Estados Unidos gracias a las técnicas que permitieron criarlo de forma masiva. Esas técnicas de “fabricación en serie” se impusieron por todo el planeta y ahora la carne de pollo es omnipresente. ¿Uno de los secretos de su éxito y expansión? El pollo crece rápidamente, y no cuesta demasiado fabricar piensos con los que alimentarlos (hechos principalmente con guisantes, alubias, cebada, trigo, semillas de girasol, soja, etc). ¡Cuánta hambre ha matado el pollo desde entoces!

Bien, con una población humana en constante crecimiento, los recursos destinados al cultivo de plantas forrajeras, como las citadas, recibirán cada vez mayor presión negativa. Lo normal es que el agua y el terreno necesario para cultivar todas esas hortalizas, terminen por destinarse directamente a la alimentación de los humanos. De ahí que algunos nutricionistas aconsejen ir poco a poco introduciendo los insectos en nuestra dieta. Debido a su pequeño tamaño (tanto del animal como de las granjas avícolas) probablemente los pollos puedan seguir criándose en el futuro, pero las grandes extensiones de terreno dedicadas al ganado vacuno, por ejemplo, acabarán por ser insostenibles. Así pues despídete de tu querido chuletón, no es un producto sostenible y terminará convertido en un bien de lujo.

Pero tranquilos, cuando la carne comience a escasear, siempre podremos cambiar al pescado de acuicultura ¿verdad? No tan rápido, el 95% de las 34.000 especies de pez que conocemos, incluidos nuestros amados salmón, lubina, rodaballo, etc. son carnívoros. Esto significa que para alimentarlos, en nuestras granjas flotantes hacen falta cantidades ingentes de pienso, fabricado habitualmente a base de harina y aceite de pescado procedente de la pesca de captura.

Así que si piensas que las granjas de acuicultura que florecen en nuestro litoral son la solución a la pesca tradicional te equivocas. Seguimos necesitando pescar para alimentar a los peces que criamos, lo cual hace que el negocia sea cualquier cosa menos sostenible. ¡Menudo contrasentido!

Y entonces aparece el abrojo cara de mono, más certeramente llamado Cebidichthys violaceus. Esta criatura (que podéis ver en la foto superior) está llamado a revolucionar nuestra forma de criar y comer pescado. Resulta que este pez de apariencia “fea”, natural de los bajíos rocosos próximos a la costa pacífica norteamericana, tiene dos peculiaridades que le hacen especialmente “hermoso” para los acuicultores. La primera: es vegetariano (se alimenta exclusivamente de algas); la segunda: sabe bien, realmente bien a juzgar por lo mucho que aparece en las cartas de los restaurantes de San Francisco.

No es la única peculiaridad del abrojo cara de mono, este pez óseo, que puede llegar a medir 76 centímetros y a pesar casi 3 kilos, puede moverse por la tierra cuando baja la marea. De hecho sobrevive hasta 35 horas fuera del agua si se le mantiene húmedo, ya que puede respirar aire. Por lo que he podido leer, llega a vivir hasta 18 años, a no ser que algún pescador se lo encuentre, claro, en ese caso acaba en una bandeja en el horno en poquísimo tiempo. ¿Os imagináis criar un pez que puede llegar vivo a la pescadería de vuestro barrio? Pues ese es el abrojo.

Que este pez esté acaparando espacio en todos los medios de comunicación del planeta se lo debemos a un equipo de investigadores de la Universidad de California en Irvine (UCI), que acaba de secuenciar su genoma en busca del secreto de su dieta “vegetariana”.

El equipo, capitaneado por Donovan German, estaba especialmente interesado en averiguar cómo sobreviven estos peces alimentándose a base de algas, una fuente muy pobre en grasas (lípidos). Lo que descubrieron fue que el sistema digestivo del abrojo era excelente descomponiendo el almidón, y que así mismo era muy eficiente digiriendo los lípidos, incluso aunque estos comprendan solo el 5% de la composición de las algas con las que se alimenta. En pocas palabras, su sistema digestivo se ha hiperespecializado.

Si nuestras granjas marinas comenzasen a criar este pescado para su consumo, se reduciría notablemente la contaminación y los costos asociados a esta actividad. Además, tras analizar su genoma, los científicos han comprendido qué genes son necesarios para la descomposición de los lípidos de las algas, lo cual podría servir (analizando los genomas de otras especies de pez) para buscar otros peces omnívoros candidatos a su cultivo en granjas de acuicultura sostenibles.

¿Comprendéis ahora por qué digo que el abrojo cara de mono puede convertirse en la carne blanca del futuro?  

Me enteré leyendo Treehugger.

Otras historias que te pueden interesar: