A propósito de Llewyn Davis, la película más infravalorada de los últimos años por fin ocupa su lugar

Valeria Martínez

Si pensamos en los hermanos Coen, la mayoría los conoce como sinónimo de películas como El gran Lebowski (1998), Fargo (1996), El hombre que nunca estuvo allí (2001) o No es país para viejos (2007). Sin embargo, hay una película que para muchos pasó desapercibida y que ahora, seis años después, es coronada como una de las mejores de la década. Y no podía estar más de acuerdo.

Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)
Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)

IndieWire confeccionó un listado de las 100 mejores películas de la década 2010. Y para mi gran sorpresa, entre ellas me encontré con mi película favorita de 2013: A propósito de Llewyn Davis. Aquella maravilla que la Academia pasó por alto en sus categorías más importantes ocupa, nada más y nada menos, que el lugar número cinco de la lista. Es cierto que aparecen otras joyitas como Moonlight (2016), Copia certificada (2010), Carol (2015), The Master (2012), así como títulos mayores como Mad Max: Furia en la carretera (2015), Lady Bird (2017) o El lobo de Wall Street (2013). Pero si hay una que fue infravalorada por el público, los premios y la taquilla fue este drama protagonizado por un Oscar Isaac en su salsa. Pero merece la pena buscarla, verla y convertirla en una de tus favoritas también.

Para ver el listado completo puedes dirigirte aquí.

Reconozco que desde el momento que la vi en el Festival de Cannes en 2013 -competía por la Palma de Oro en la Sección Oficial- sentí una conexión personal con ella. Pero como nos sucede a los periodistas que hemos cubierto el festival, resulta muy difícil ser parcial y crítico durante el certamen. Estás cansado, con sueño y viendo una película tras otra, y al terminar, casi ni recuerdas la mitad de lo que viste. Pero cuando volví a verla meses más tarde para preparar mi entrevista con los hermanos Coen, me encontré con una película más profunda de lo que recordaba. Desde entonces la he visto unas cuantas veces.

Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)
Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)

Los perdedores del universo siempre fueron la gran debilidad de las historias de los Coen, con criminales, asesinos o soñadores sin oportunidades como protagonistas, y en este caso recurrieron a la historia del cantante de folk Dave Van Ronk para inspirarse a la hora de escribir el filme.

Pocas veces la melancolía ha estado tan bien representada en la gran pantalla como en A propósito de Llewyn Davis. Si bien la película retrata una semana en la vida de un músico folk en el Nueva York de los 60s, continuamente buscándose la vida, estamos ante una historia sobre la melancolía, el duelo mal llevado y la depresión. Es una experiencia visual, musical y sentimental, si permites dejarte llevar por sus planos mágicos, colores grises y el clásico diálogo plagado de ingenio de los Coen.

El actor guatemalteco -en una era previa a su éxito con Star Wars- demuestra el torbellino de talento que puede desplegar cuando tiene en sus manos el papel adecuado. Pero también vemos a un reparto glorioso en las figuras de Carey Mulligan, Justin Timberlake, John Goodman, un Garrett Hedlund que destaca sin diálogo y un Adam Driver pre-Star Wars que se roba el protagonismo en la escena de Please, Mr. Kennedy. Y todos brillan, con rabia y hasta inocencia, según el arco dramático que les toca. Incluso el gato que comparte protagonismo en la primera parte de la historia con su homenaje al viaje de regreso a casa en la Odisea de Ulises.

Todos son músicos intentando hacerse un hueco en una industria difícil que solo da cabida a unos pocos. Llewys ya rozó el éxito con el dúo que formaba con su amigo, pero tras su muerte divaga por la ciudad, durmiendo en los sofás de sus amigos y aferrándose a la música como su única escapatoria al dolor. Pero es engreído hasta el punto que es difícil simpatizar con su él y su historia. Deja embarazada a la novia de un amigo (con una rabiosa Carey Mulligan) y descubre que su ex jamás hizo el aborto que habían programado. Descubre que tiene un hijo de dos años, pero su drama no es solo esta semana en su vida. En todo momento comprendemos que Llewyn no está teniendo una vida fácil, aunque él se convierte en experto en esquivar cada palo en un Nueva York frío y distante. Vive atrapado en su propio dolor, pero ni lo reconoce ni lo suelta. Sus canciones hablan de la pérdida, conectan con su sufrimiento interno pero no con los productores musicales que quieren hacer dinero. Pero es arrogante, tanto que no es capaz de analizar lo que transmite. El mundo constantemente le recuerda lo maravilloso que era su compañero Mike y el dúo que formaban. Sin él no es nadie. Pero él sigue, como puede.

Y es en esa maestría para evadirse de la realidad que el personaje se convierte en una de las figuras más melancólicas del cine de los Coen. A través de la maravillosa música de T Bone Burnett y Marcus Mumford, la película hipnotiza y desde sus inicios nos advierte que veremos una cinta intimista en donde la depresión por la muerte cumplirá una función importante. Ya en la primera escena, Oscar Isaac aparece cantando una canción sobre un hombre que pide que le cuelguen, Oh hang me, hang me.

A propósito de Llewyn Davis retrata una era de Nueva York con la música folk como fondo, que resulta tan mágica como deprimente gracias a la fotografía de Bruno Delbonnel. Es dolorosa y real, una joyita que pocos disfrutaron en los cines a juzgar por su taquilla global de $32.9 millones.

Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)
Fotograma de A propósito de Llewyn Davis (© 2013 - CBS Films)

Guionistas de la mayoría de sus películas, los hermanos Coen han colaborado con directores como Michael Hoffman, Steven Spielberg, Sam Raimi, George Clooney y hasta Angelina Jolie. Fue Joel quien comenzó a dirigir las historias que escribían juntos a partir de Arizona baby (1987), hasta que se convirtieron en un dúo de cineastas a partir de Ladykillers en 2004.

A propósito de Llewyn Davis fue la sexta película que hicieron juntos como directores tres años después de Valor de ley (2010), y a pesar del aplauso de la crítica que la coronó con una aprobación del 92%, pasó desapercibida en la temporada de premios. Obtuvo dos nominaciones a los Oscar a mejor fotografía y mezcla de sonido, dejándonos a muchos en shock cuando vimos que ni estaba nominada a mejor película ni a actor, director o música. Tuvo otras tres candidaturas a los Globos de Oro, que sí le dieron una a mejor comedia o musical (que no me pude creer al ser un drama evidente). Otras tres a los BAFTA. Pero no ganó ninguna. Es cierto que no lo tenía fácil. Era el año de 12 años de esclavitud, Gravity, La gran estafa americana y mis dos otras favoritas de aquella temporada: Nebraska y Her. Aunque yo felizmente hubiera cambiado a Capitán Phillips, Dallas Buyers Club, Philomena y hasta El lobo de Wall Street por nominar a A propósito de Llewyn Davis. Creo que como experiencia cinematográfica, lograba transmitir y contagiar sentimientos como ninguna de ellas lo hizo.

Reconozco que la vi en un momento nostálgico de mi vida, que si bien no tenía conexión con la historia del personaje, su melancolía me llegó de forma personal. Fue una película que se quedó en mi retina durante mucho tiempo. Incluso recuerdo que me obsesioné con su banda sonora, teniéndola entre mis listas favoritas durante años. Es más, todavía la sigo escuchando. Si aún no la viste, te recomiendo que la busques y te dejes contagiar por el frío que congela los sentimientos del protagonista, pero que del otro lado de la pantalla gritan de dolor. Y si ya la viste, te recuerdo que es de esas películas que transmiten más cuando las disfrutas de nuevo. Al menos es lo que me pasó a mí tras verla unas cuantas veces.

Puedes comprar el DVD o alquilarla en Google Play, YouTube o verla a través de Movistar+.

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