El año en que pusimos de moda la tristeza

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Photo credit: Tim Graham - Getty Images
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Caía el sol sobre el escenario del Mad Cool en uno de esos atardeceres con los que Madrid sabe que se gana a cualquiera aunque sea una olla a presión a 40ºC. Phoebe Bridgers cantaba “I get this feeling whenever I feel good it’ll be the last time” y la pantalla proyectaba unas imágenes preciosas, como de cuento. Estábamos en tercera fila porque Phoebe Bridgers es la cantante favorita de mi hermana, y nos rodeaban un montón de adolescentes muy pero que muy fanáticos que lloraban y coreaban las canciones más tristes que había escuchado en mucho tiempo.

El atardecer, las imágenes, Phoebe, las lágrimas de los adolescentes: todo era triste y melancólico, pero tan cuqui a la vez. Fue como una máquina del tiempo directa a 2010. Pensé hemos vuelto. Pensé que después de Mr. Wonderful y de las guías espirituales en sobre de azucarillo hemos vuelto a la era de los 'sad boys' en Tumblr, de aquellos blogs –‘Asco de vida’, ‘Tenía que decirlo’– en los que nos recreábamos en la miseria. Bridgers es la nueva Billie Eilish que es la nueva Lana del Rey que es la nueva Mary Shelley.

Photo credit: David Wolff - Patrick - Getty Images
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Me quedé dándole vueltas y quise confirmar mis sospechas. Una búsqueda rápida en Internet me indicó que no iba por mal camino. La cuenta @mytherapistsays tiene 7.6 millones de seguidores en Instagram; @sosadtoday, casi un millón Twitter (978.9K y subiendo). Son una versión renovada y estética, pero el nihilismo de los blogs de antaño se mantiene intacto. Quería saber por qué y pregunté a quienes saben. Jordi Isidro, psicólogo experto en trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, me contestó que hay tres necesidades que nos motivan a exponer nuestro malestar emocional: «la de llamar la atención, la de aprobación y la de sentirse especial», que «las emociones intensas impactan y atraen», que «la normalidad no es glamurosa». Igual que en el siglo XIX con el Romanticismo y en la década pasada con Tumblr, la tristeza es algo bello y ensalzable, ahora con un pequeño matiz. Ahora es otro filón de los muchos filones de los que una marca puede sacar partido. De alguna forma una pasta de dientes puede salvarte del cambio climático y de los problemas de la mente e incluso de las caries.

Da pena la explotación –la monetaria y la del ego– porque hablar y compartir para eliminar estigmas y desmontar corazas es bueno y es necesario. La psicología positiva ha visto tiempos mejores y mejor para nosotros, pues –como me contó el psicólogo Alejandro Vera– se asienta sobre el principio de que toda la responsabilidad del bienestar de una persona recae sobre sus hombros. Algo bastante injusto, sobre todo si te tocan unos hombros débiles.

Photo credit: Giphy
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Da pena la explotación porque todo lo que se estira se pasa de vueltas, y si no me creéis mirad lo que pasó con las últimas temporadas de 'Lost'. Aceptar está bien, pero no es lo mismo que recrearse. «La relación más adecuada con la tristeza es aquella que la valida, pero hay que intentar no detenerse en ello», explica Vera. «Es una emoción útil y necesaria, pero cuando la potenciamos entramos en un camino de retorno difícil o sin retorno. Toda gestión emocional mal tratada genera un sufrimiento», añade Isidro. Compartir con otros –en las redes, en este caso– el peso del malestar ayuda a sobrellevarlo en un momento determinado, pero no es demasiado sano que sea el único fundamento de una relación.

Disfruté mucho del concierto de Phoebe Bridgers. Creo que vivir con las emociones a flor de piel es bonito y que es muy sano decir que estás triste si estás triste. Tan sano como decir que estás contento si estás contento. La tristeza es un estado, no es una personalidad. Con lo que decimos y lo que pensamos construimos nuestra parcela en el mundo. «El concepto que tenemos de nosotros tiene más que ver con la interpretación de la realidad que con la realidad misma. En Psicología se llama la ‘autoprofecía cumplida’: si estamos convencidos de que estamos tristes al final lo conseguiremos», explica Isidro. Cuiden cómo se hablan, acabará por ser quienes son.

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