La historia de un fracaso del cine de los 90 que luego pegó el pelotazo con las copias piratas VHS

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Studio 54 es el club más célebre de la historia de Nueva York. Su nombre es sinónimo de los 70 y su leyenda definió las noches de la Gran Manzana en los tres cortos pero intensos años en los que permaneció abierto. Frecuentado por celebridades y artistas de la época como Grace Jones, Liza Minnelli, Divine o Andy Warhol, el local se convirtió en un punto de encuentro exclusivo que marcó el pulso de la ciudad y coincidió con el estallido de la música disco y la liberación sexual.

Hace poco, Ryan Murphy viajó allí con la miniserie Halston, tras lo cual ahondará más en su historia en una nueva temporada de American Crime Story. Sin embargo, es una película de los 90 la que muchos vinculamos directamente con el club: 54, protagonizada por Ryan Phillippe, Salma Hayek, Neve Campbell y Mike Myers. Aquella ambiciosa producción de 1998 supuestamente iba a trasladar el espíritu transgresor y revolucionario del club a la gran pantalla, pero sin embargo acabó en estrepitoso fracaso artístico después de que el estudio, con Harvey Weinstein a la cabeza, la descuartizara durante la producción y el montaje. Con el tiempo, la película tuvo una segunda vida gracias a un montaje del director, pero su historia quedó para siempre manchada.

Póster oficial de '54' (Miramax)
Póster oficial de '54' (Miramax)

Detrás de 54 nos encontramos al desconocido director Mark Christopher. Miramax Films, la poderosa productora de los 90 caída en desgracia tras el escándalo Harvey Weinstein se fijó en él gracias a su trabajo en varios cortos de temática queer y lo convenció para encargarse del largometraje, partiendo de un primer borrador que había escrito tras varios años documentándose sobre el local y la década de los 70. Miramax se hizo con los derechos de su trabajo en 1995 y el proyecto empezó a moverse.

Christopher tenía muy clara su visión para la película. La idea era mostrar la vida nocturna de Studio 54 como el epicentro de la cultura gay en Nueva York. Es decir, el cineasta tenía en mente hacer una película abiertamente LGBTQ, en la que se celebrase a la comunidad a través de un episodio clave de su historia en Estados Unidos. Para ello, Christopher había centrado la trama en Shane (interpretado por el sex symbol de los 90 Ryan Phillippe), un joven bisexual de Nueva Jersey que empieza a trabajar como camarero en Studio 54 y se convierte en el chico de moda gracias a su físico y magnetismo hacia ambos sexos.

Sin embargo, a Weinstein no le gustó nada la idea. El antaño todopoderoso productor de Hollywood, responsable de películas como El paciente inglés, Shakespeare in Love o Scream, entre innumerables éxitos entre los 90 y principios de los 2000, quería algo más en la línea de Fiebre del sábado noche, el fenómeno musical de 1977 protagonizado por John Travolta. En 1998, Weinstein llevó a cabo los primeros pases de prueba de 54 y, al parecer, la audiencia reaccionó negativamente a la bisexualidad del personaje de Phillippe, más concretamente a un beso entre Shane y el personaje de Breckin Meyer, Greg, lo que le llevó a tomar una decisión drástica.

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A raíz de ese pase, Miramax ordenó a Christopher borrar cualquier tipo de referencia o sugerencia a la bisexualidad del protagonista, empezando por supuesto por la escena del beso. Ahí es donde empezaron los problemas. En su empeño de hacer la película más accesible al público general, Weinstein contrató a un nuevo equipo de guionistas, entre otras cosas para desarrollar un romance entre Shane y el personaje de Neve Campbell, Julie, añadiendo nuevas escenas a posteriori. Y no solo eso, sino que prohibieron al director formar parte del proceso de edición, y por tanto, de tener cualquier tipo de control sobre el montaje final. La película se le fue completamente de las manos y Miramax se encargó de terminarla a su manera, borrando su identidad queer y traicionando así el espíritu verdadero de Studio 54.

54 se estrenó en agosto de 1998 y debutó en el cuarto puesto de la taquilla, superada por Blade, Algo pasa con Mary y Salvar al soldado Ryan. Esas tres películas pasaron a la historia del cine de los 90, pero 54 fracasó estrepitosamente con apenas $16 millones recaudados en su país (costó solo 13, pero eso no suavizó demasiado el golpe). Y lo que es peor, fue salvajemente destrozada por la crítica. 54 se ganó pronto la fama de ser una de las peores películas del año y, aunque Mike Myers recibió un moderado aplauso por su primer papel serio, el resto de actores no salieron tan bien parados. De hecho, Phillippe fue nominado al Razzie a peor actor aquel año, como también la secundaria Ellen Albertini Dow (Disco Dottie). Neve Campbell, recién catapultada por el fenómeno Scream tampoco convenció y fue duramente criticada.

Aunque conservaba los compases principales del argumento y presentaba un envoltorio muy atractivo (con una banda sonora disco irresistible), los cambios que Miramax efectuó en la producción dieron como resultado una película incoherente, blandengue y descafeinada de riesgo, lo cual chocaba profundamente con la escandalosa historia del emplazamiento donde transcurría. La crítica coincidió en que el film se quedaba en su brillante superficie, perdiendo una oportunidad al no adentrarse en los aspectos más oscuros de Studio 54, su declive y su cierre por problemas legales de sus fundadores, así como también denunció el hecho de que sus temas LGBTQ hubieran sido borrados a favor de una versión más “saneada” para todos los públicos, lo cual traicionaba la esencia del lugar y lo que simboliza.

Eso no impidió que muchos percibieran sus connotaciones gay y la añadieran a su lista de clásicos de exploración sexual (la película marcó a más de uno). Pero aun así, el de 54 es uno de los capítulos más lamentables de la historia del cine queer, un ejemplo más de la homofobia de una industria que, afortunadamente, en los últimos años se encuentra en proceso de transformación, aumentando la representación LGBTQ cada vez más. Con el tiempo, como suele ocurrir con algunos fracasos del cine, 54 fue ganándose cierto culto por parte del público, deseoso de ver esa versión inicial que Christopher había creado con un protagonista bisexual. El interés alrededor de la verdadera 54 comenzó a crecer y, de repente, se empezó a abrir un hueco para ella.

Unos años después de su paso por cines, una versión pirata del montaje del director empezó a circular. Las personas que pudieron ver aquellas copias ilegales quedaron encantadas y pronto empezó a correrse la voz. Outfest, el festival de cine LGBTQ de Nueva York, se hizo eco y consiguió proyectarla en su edición de 2008, cosechando un enorme éxito entre la audiencia, que llenó la sala hasta la bandera. En 2014, Miramax por fin dio permiso a Christopher para editar su versión en DVD, después de varios años suplicándoselo. El montaje del director vio la luz en 2015, una versión reeditada y remasterizada acorde, ahora sí, a la visión de su director, que se estrenó a lo grande en el Festival de Berlín.

Entre otras muchas cosas, la nueva 54 recuperó las escenas en las que Shane experimentaba con su sexualidad, incluida la del beso, y en general incluyó más situaciones y referencias sexuales. La narración también era diferente y la película tenía otro final. La duración total ascendió de 93 minutos del montaje en cines a 105 minutos del director’s cut, de los cuales 44 fueron recuperados del material que Miramax descartó, desechando casi todo el nuevo metraje (más de media hora) que el estudio había ordenado grabar para su versión en cines, salvo unos cuantos segundos que se conservaron. Es decir, una película completamente nueva.

54: The Director's Cut obtuvo críticas mucho más positivas. Al restaurarla a su premisa original y conservar sus elementos LGBTQ, el film ganó empaque y profundidad, rebajando el aire telenovelesco y ligeramente casposo en favor de un drama sexy de personajes en busca de sí mismos, en un momento efímero, extático y confuso de la historia de Nueva York. No faltaba la fiesta, el sexo, el sudor y la purpurina, pero debajo había algo más. Gracias al montaje extendido, Phillippe, que había sido nominado al Razzie, fue elogiado por su interpretación, mientras que la historia pudo respirar sin la presión de un estudio demasiado preocupado en hacer una película que nunca fue.

Años después de su fallido estreno, 54 fue redescubierta y encontró su público tras una resurrección casi milagrosa. Aunque la sombra de su fracaso aun sigue sobre ella, con los años, la reputación de este clásico gay perdido ha cambiado drásticamente gracias a una segunda oportunidad que no todas las películas consiguen. Llegó demasiado tarde, pero casi 25 años después de su estreno, 54 ocupa el lugar que merecía en la historia del cine LGBTQ, con una historia de exceso, celebración y descubrimiento que nunca debió censurarse.

Si te ha despertado la curiosidad, 54 está disponible en alquiler digital a través de Apple TV, Rakuten y Google Play. 54: The Director's Cut no está editada en Blu-ray en España y ¡ya va siendo hora!

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