5 claves para lidiar con las personas pasivo-agresivas sin perder la calma

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An Older Couple in Relationship Problems has a Harsh Debate Outdoors. Retirees are Arguing in Nature.
Los comportamientos pasivo-agresivos dejan una huella de malestar a su paso y pueden hacer tanto daño como la agresividad manifiesta. [Foto: Getty Images]

- ¿Estás enfadado conmigo?

- ¡No, no pasa nada! – recibes como respuesta.

Sin embargo, su lenguaje corporal dice lo contrario. Es evidente que esa persona está molesta e irritada, pero lo niega. Acabas de entrar en territorio pasivo-agresivo.

Las agresiones directas no dejan lugar a dudas, de manera que sabemos cómo comportarnos. En cambio, las agresiones pasivas son difíciles de detectar. Existen, pero no se ven. Se camuflan tras una sonrisa despreciativa. Un silencio atronador. Un comentario sarcástico...

Ante ese tipo de agresiones solemos quedarnos desarmados, no sabemos exactamente cómo reaccionar y la tensión sigue creciendo. Cuando las agresiones pasivas se convierten en la estrategia por antonomasia para lidiar con los conflictos, terminan dañando la relación y afectando nuestro equilibrio emocional.

¿Qué es exactamente una agresión pasiva?

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La agresión pasiva es una forma de expresar sentimientos negativos como la ira, el enfado o la frustración de manera indirecta. [Foto: Getty Images]

La agresión pasiva es una forma de expresar sentimientos negativos como la ira, el enfado o la frustración de manera indirecta. Implica un patrón de expresiones emocionales evasivas en el que se produce una desconexión entre las palabras y las manifestaciones extraverbales. O sea, la persona dice una cosa, pero su lenguaje corporal dice otra.

La persona pasivo-agresiva expresa su hostilidad de forma encubierta, elusiva y ambigua para confundir al otro, de manera que si le echa en cara su actitud, es probable que la niegue. No expresa abiertamente su ira, frustración, rabia o incluso odio sino que los canaliza a través de comportamientos “políticamente correctos” para sortear la confrontación directa. Sin embargo, esos ataques pasivo-agresivos terminan haciendo daño y pueden convertirse en una forma de abuso psicológico.

Las estrategias preferidas de las personas pasivo-agresivas

Los comportamientos pasivo-agresivos tienen en su base la ira y la evitación. [Foto: Getty Images]
Los comportamientos pasivo-agresivos tienen en su base la ira y la evitación. [Foto: Getty Images]

Los comportamientos pasivo-agresivos se sustentan en dos pilares: la ira y la evitación. La ira, la irritación y la frustración bullen bajo la superficie, de manera que aunque la persona intente esconderlas, esas emociones terminan transparentándose a través de su lenguaje extraverbal.

Esa hostilidad velada se acompaña de la evitación. Las personas pasivo-agresivas aprendieron en algún momento de sus vidas que estar enojados no es socialmente aceptable, de manera que intentan esconder sus emociones y no aprenden a expresarlas asertivamente. Para ello, recurren a diferentes estrategias que les permitan evitar una confrontación directa:

  1. Silencio. El silencio es una de las estrategias preferidas de las personas pasivo-agresivas porque les permite decir mucho sin decir nada. Aparentemente, callar tiene el objetivo de evitar el conflicto, pero en realidad lo provoca o agudiza. De hecho, suele ser un silencio incómodo en el que se ignora a la otra persona tratándola con extrema frialdad y evitando todo tipo de contacto físico y visual.

  2. Sarcasmo. Los insultos de las personas pasivo-agresivas son difíciles de identificar ya que suelen camuflarse bajo la apariencia de un cumplido. Suelen recurrir al sarcasmo para atacar los puntos débiles de la persona realizando comentarios en tono de burla que pueden llegar a ser hirientes u ofensivos, pero sembrando la duda sobre su verdadero significado.

  3. Sabotaje. Las personas pasivo-agresivas no usan un estilo de afrontamiento directo y maduro, sino que recurren a tácticas indirectas para evitar el conflicto. Por eso no suelen decir lo que piensan o quieren, sino que recurren al sabotaje para evadir sus responsabilidades o dinamitar los planes. Por ejemplo, pueden prometer que acudirán a una cita pero luego la “olvidan” o dejan a mitad las tareas con las que se habían comprometido.

  4. Malhumor. Las personas pasivo-agresivas tienen una habilidad especial para llenar el ambiente de tensión, haciendo que los demás se sientan incómodos sin comprender exactamente el motivo. Aunque no expresan directamente su malestar, el malhumor y la irritación se quedan flotando en el aire generando un contagio emocional que se extiende sobre las personas más cercanas.

  5. Negación. Las personas pasivo-agresivas no quieren sentirse culpables por iniciar un conflicto, de manera que su primera reacción suele ser negar el matiz agresivo de sus palabras o actitudes. Por tanto, pueden mentir deliberadamente para ocultar sus sentimientos haciendo que la otra persona dude de su perspectiva sobre lo que está ocurriendo. Por ejemplo, jurarán que no pasa nada, aunque tengamos la sensación de que algo no anda bien.

¿Cómo lidiar con una persona pasivo-agresiva?

A la ambigüedad y la frustración se responde con claridad y serenidad. [Foto: Getty Images]
A la ambigüedad y la frustración se responde con claridad y serenidad. [Foto: Getty Images]

 

Las personas más cautelosas y sensibles al rechazo son mucho más propensas a responder a los conflictos de manera pasivo-agresiva, manteniéndose en silencio, actuando con frialdad y retirando su afecto. No dicen directamente lo que piensan porque no quieren exponerse, según reveló un estudio realizado en la Universidad de Columbia.

Su estrategia consiste en intentar que seamos nosotros quienes demos el primer paso en el conflicto para luego culparnos. En práctica, proyectan sobre nosotros sus emociones esperando que las reflejemos para así liberar su propia tensión. Por eso, es fundamental no caer en su juego y responder a la ambigüedad y la frustración con claridad y serenidad.

1. Identificar el patrón pasivo-agresivo en la relación

Todos podemos comportarnos en algún momento de manera pasivo-agresiva para evitar una confrontación directa, pero si una persona utiliza esos ataques de manera sistemática convirtiéndolos en su estrategia de afrontamiento, debemos ser capaces de detectarlo para responder adecuadamente y establecer los límites necesarios.

Sin embargo, identificar los comportamientos pasivo-agresivos no suele ser fácil. Tenemos la tendencia a otorgar el beneficio de la duda para evitar los conflictos e incluso es probable que pongamos en tela de juicio nuestra interpretación de los hechos cuando la persona niegue la agresión. Nos ayudará preguntarnos: ¿Se han producido agresiones pasivas similares? ¿Los ataques están dirigidos solo a nosotros o a todos los demás? ¿Esa persona niega sus emociones negativas? ¿Le cuesta expresar sus discrepancias o malestar abiertamente?

2. Pedir aclaraciones de manera asertiva

En muchos casos, las personas que se comportan de manera pasivo-agresiva no saben comunicarse de manera asertiva o tienen miedo al conflicto, por lo que prefieren adoptar un estilo de afrontamiento más evasivo. Ese comportamiento les permite transmitir lo que sienten sin llegar a tener un conflicto verdadero y saludable. Pedir aclaraciones les puede ayudar a expresar sus sentimientos y puntos de vista de manera más madura y directa, liberando la tensión emocional acumulada.

De hecho, esta táctica es particularmente útil para lidiar con el sarcasmo. Sin enfadarnos ni subir el tono de voz, podemos preguntar: “¿Qué has querido decir?” Cuando le pedimos a una persona pasivo-agresiva que sea más específica, suele detener su ataque. En ese punto puede emprender la retirada para evitar la confrontación o expresar de manera más clara su idea.

3. Desenmascarar la emoción que se encuentra en la base

Toda relación está formada por dos personas, de manera que nosotros también podemos contribuir a perpetuar el patrón de respuestas pasivo-agresivas. Lo hacemos cada vez que evitamos la confrontación y no responsabilizamos a esa persona por su comportamiento sino que preferimos dejarlo pasar.

En cambio, si queremos mantener una relación saludable, lo más conveniente suele ser sacar a colación las emociones que están alimentando el conflicto. Podemos decir: “Noto que estás enfadado/frustrado/irritado. ¿Quieres contarme qué te ocurre?” Así le damos la oportunidad de comprender y expresar sus estados emocionales para solucionar de manera madura el problema.

4. Gestionar la negación desde la empatía

Es probable que cuando intentemos poner al descubierto un comportamiento pasivo-agresivo, la persona reaccione poniéndose a la defensiva. Negará que se siente enfadada o frustrada o que se ha burlado de nosotros. Debemos estar preparados para gestionar esa negación pues si nos irritamos, la conversación degenerará rápidamente.

La empatía y la asertividad son nuestras armas principales. Podemos decir: “Por tu actitud, imagino que estás enfadado. Si estuviera en tu lugar, yo también lo estaría”. Cuando nos comportamos de manera empática logramos que los demás bajen sus defensas y muestren una actitud más receptiva y abierta al diálogo. Vale la pena intentar ver la situación desde su perspectiva y preguntarnos qué nos quieren transmitir con ese comentario sarcástico.

5. Establecer límites claros

Establecer límites a los comportamientos pasivo-agresivos nos permitirá dejar claro que no estamos dispuestos a tolerarlos. Es fundamental especificar la actitud que nos molesta, siempre de manera asertiva y sin recurrir a recriminaciones ni ataques personales. Por ejemplo, podemos explicar que nos molesta que realice comentarios sarcásticos sobre nuestro desempeño y que preferimos que opine abiertamente.

De hecho, podemos hablar sobre la importancia de expresar el desacuerdo y las frustraciones de manera más directa e incluso modelar interacciones más honestas en las que podamos ser más auténticos y respetuosos. De esa forma la relación se enriquecerá y será más fácil solucionar los problemas y conflictos.

En realidad, los comportamientos pasivo-agresivos no resuelven el problema ya que, aunque en un primer momento evitan el conflicto directo, dejan una huella de malestar a su paso y pueden hacer tanto daño como la agresividad manifiesta.

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