'365 días: Aquel día' ejemplifica eso de no pedirle peras al olmo

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En junio de 2020 Netflix vivió un fenómeno fugaz titulado 365 días, una película erótica polaca sobre un mafioso italiano que secuestraba a la chica de sus sueños, dándole un año para enamorarse de él. En el proceso la trataba con violencia cuando ella lo desafiaba, le tocaba los pechos sin su permiso y mantenía relaciones sexuales con otras mujeres delante suyo para enseñarle “lo que se estaba perdiendo”. Finalmente conseguía su propósito: ella se enamora perdidamente de él, dando como resultado un drama erótico repleto de agujeros cuestionables.

Casi dos años después llega la secuela a la plataforma, 365 días: Aquel día. Una continuación que básicamente confirma eso de no pedirle peras al olmo.

Michele Morrone y Anna-Maria Sieklucka en una imagen de '365 días: Aquel día' (Netflix/Karolina Grabowska)
Michele Morrone y Anna-Maria Sieklucka en una imagen de '365 días: Aquel día' (Netflix/Karolina Grabowska)

Dicen que la curiosidad mató al gato, y eso fue justamente lo que sucedió con 365 días. El que se promocionara como la nueva Cincuenta sombras de Grey y contara con secuencias sexuales que rozaban lo explícito despertó suficiente inquietud como para llamar la atención masiva. En consecuencia, la película escaló hasta la posición número uno del ranking de lo más popular de la plataforma en España, Argentina, Francia y otros países, convirtiéndose en un fenómeno breve pero curioso, dado que la crítica la destrozó por completo y la propia audiencia la desaprobaba a través de puntuaciones bajas o comentarios negativos en redes. Pero el sexo vende y muchos la vimos con la intención de descubrir de qué iba tanto alboroto, dando como resultado un producto popular para la plataforma.

La película generó tanta conversación que encumbró a su actor Michele Morrone como personaje popular en redes sociales, pasando de ser un completo desconocido a sumar 5 millones de seguidores en Instagram. Dos años más tarde ya suma 13 millones.

Sin embargo, 365 días era una apuesta de aires machistas que confundía el significado de erotismo con una trama anticuada y misógina, distorsionando la pasión con dosis de violencia sexual mientras glorificaba el secuestro como símbolo de amor desenfrenado. Ahora, la segunda parte apuesta por más de lo mismo dando como resultado una película vacía de contenido, con más mensajes cuestionables y actuaciones de cartón.

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365 días: Aquel día arranca con la boda de Laura (Anna-Maria Sieklucka) y Massimo Torricelli (Michele Morrone) y, prácticamente, se han olvidado que el hombre la secuestró y fue forzando la relación, creando una trama donde se pide empatía por el mafioso por haber sufrido el asesinato de su padre. Y así, comienza con la única herramienta que tiene para dar qué hablar: una escena de sexo.

A continuación el drama transcurre por derroteros absurdos que van por la ausencia de diálogos efectivos, mucha superficialidad y un engaño que lleva a Laura a huir con un jardinero guaperas. Y, entre medias, secuencias sexuales en donde la protagonista se ha convertido en imagen y semejanza de su secuestrador, confundiendo química sexual con dominación en la cama.

De esta manera, si 365 días transitaba por terrenos pantanosos como la glorificación de la violencia y el síndrome de Estocolmo, ahora añade más leña al fuego. Por un lado, con una protagonista que no solo jamás se cuestiona el amor que siente por el criminal, sino que se queja de la rutina y aburrimiento de su nueva vida porque su marido tiene que dejarla sola para atender a sus negocios.

La vemos quejándose y reaccionando con inmadurez en una fiesta social porque está aburrida, aunque nunca se esfuerza en aportar algo diferente a la relación, sino que lo único que vive pidiendo y ofreciendo son sugerencias sexuales. Tienen dinero de sobra y su único pasatiempo es salir a beber y de compras con su mejor amiga, hasta que su marido le compra una tienda de ropa para que se ocupe en algo. Como si una mujer, con o sin dinero, no pudiera arreglárselas sola, buscar sus propias oportunidades y hablar de otra cosa que no sea su marido y el sexo. Algo que Laura hace, prácticamente, toda la película. Incluso con la seducción constante que aflora con el jardinero.

Michele Morrone y Anna-Maria Sieklucka en una imagen de '365 días: Aquel día' (Netflix/Karolina Grabowska)
Michele Morrone y Anna-Maria Sieklucka en una imagen de '365 días: Aquel día' (Netflix/Karolina Grabowska)

Resulta evidente que a los responsable de 365 días: Aquel día les importa un bledo mejorar los errores del pasado o aportar una pizca de conciencia narrativa. El ridículo sobrepasa tanto el convencionalismo dramático que más que provocar erotismo o romance, provoca risas. Y para ejemplo, una escena: la pareja de luna de miel jugando al golf, con Massimo preparando su tiro mientras Laura se abre de piernas frente al hoyo invitándolo a otro tipo de acierto. Y aclaro que la invitación sexual no es lo que chirría, sino el entorno exagerado, la música pop forzando el diálogo con la audiencia y las sobreactuaciones absurdas de sus actores.

Es evidente que la secuela no busca aportar ningun tipo de mensajes de empoderamiento femenino o siquiera una trama coherente, pero el menosprecio con que trata a los espectadores no hacen otra cosa que provocar irritabilidad. Y todavía falta una tercera película final…

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