20 pueblos costeros de Galicia con encanto y muy bonitos

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Photo credit: Cedida por Turismo de Galicia
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Quizás la temperatura de sus aguas sepa más de hacer sufrir que de refrescar, pero la costa gallega es una de las más valoradas verano tras verano. Temperaturas suaves, bailes de marea y una naturaleza salvaje que enmarca el litoral tienen la culpa. Sin embargo, la suerte es de quienes saben apreciar este atractivo también durante los meses de invierno, sin la amenaza de sacar el bañador de por medio y disfrutando de una de las gastronomías más suculentas de nuestro país.

A Guarda

Además del río Miño, la frontera con Portugal da cobijo a pequeños pueblos marineros de coloridas fachadas como A Guarda. Quién hubiera imaginado que el sur de Pontevedra encerraba una ‘Cinque Terre’ en miniatura, con sus vistosas fachadas, edificios simbólicos como la Iglesia de Santa María da Guarda y un paseo marítimo copado de terrazas. En su Museo del mar podremos profundizar en artes de pesca e instrumentos de navegación para después visitar el precioso mural que recubre su espigón. La subasta de pescado y marisco en la lonja es también buen plan, al igual que el Castro de Santa Tegra, un yacimiento donde se conservan asombrosamente bien los restos de las edificaciones circulares que aquí perduran desde el siglo I a.C.

Baiona

Photo credit: Xurxo Lobato
Photo credit: Xurxo Lobato

Al margen de sus playas, merece la pena viajar hasta Baiona para recorrer los tres kilómetros de muralla, con sus tres torres, que componen la Fortaleza de Monterreal. Esta villa marinera fue el primer puerto de Europa que supo del descubrimiento de América. Por eso, en las aguas de su puerto flota una réplica de la carabela 'Pinta' con un interior que recrea hasta el último detalle el regreso de la nave en 1493. Merecerá la pena rendirle una visita a la Virgen de la Roca, 15 metros de granito que no dejan indiferente a nadie, o coger el coche hasta alcanzar su Cabo Silleiro. Con un casco histórico acogedor, donde destaca la impresionante ex Colegiata de Santa María, Baiona reivindica ser visitada en cualquier época del año.

Cambados

Photo credit: Victoria Menor Balmori
Photo credit: Victoria Menor Balmori

A pesar de tener costa, el protagonismo en Cambados es para las bodegas y bares que ocupan su casco histórico. Considerada la Capital del Albariño, esta uva blanca se ha ganado el favor de los paladares más exigentes, y por eso reúne a amantes del buen vino –dispuestos a maridarlo con el mejor marisco– durante todo el año. La plaza de Fefiñáns es la parada más famosa de Cambados y aquí encontraremos el pazo del mismo nombre que aglutina dos bodegas en su interior. Pero si no queremos que el vino se nos suba a la cabeza, recomendamos dar un paseo hasta las ruinas de la iglesia Santa Mariña Dozo y admirar los arcos que resisten sobre las lápidas de este monumento reconvertido en singular cementerio. Igual de imperdible será recorrer el precioso –y estrecho– paseo junto al mar hasta lo que permanece de la torre de San Sadurniño.

O Grove

Photo credit: Cedida por Turismo de Galicia
Photo credit: Cedida por Turismo de Galicia

Que en Galicia se come muy bien prácticamente en todas partes es una realidad. Que en O Grove la oferta de marisco y pescado hace que perdamos la cabeza, también. Su famosa Fiesta del marisco (octubre) es el punto álgido, aunque no faltarán mesas en las que saborear un buen pulpo a feira, un puñado de percebes, un centollo... o las creaciones de temporada del estrella Michelin Culler de Pau. Frente a la península de O Grove encontramos la Isla de la Toja, donde hay casino, balneario y una coqueta iglesia cubierta de conchas de vieira ante la que es imposible no fotografiarse. Si en verano nos encanta tostarnos en sus calas cristalinas y playas majestuosas como la Lanzada, en invierno preferimos contemplar el mar desde recorridos tan apetecibles que bordean la costa como el Paseo das Pedras Negras en San Vicente do Mar o desde el Mirador A Siradella, el punto más alto de la península.

Combarro

Photo credit: Silvia García
Photo credit: Silvia García

Una oda al granito junto a la ría de Pontevedra. Así podríamos definir a esta parroquia perteneciente al municipio de Poio que se ha convertido en la mejor embajadora de la arquitectura tradicional gallega. Los hórreos –graneros de piedra que se sostienen sobre columnas para almacenar la cosecha– y los cruceiros –monumentos religiosos en forma de cruz– se funden con las tradicionales casas marineras abalconadas y con sus iglesias, creando una estampa única salpicada por barcas de colores que esperan ser visitadas. Ya avisamos de que estábamos ante uno de los pueblos más bonitos del norte –suba o baje la marea– así que no olvides explorar, patear y probar todas sus posibilidades. Sus mariscos y pescados serán razón más que suficiente.

Carril

Photo credit: DR Victoria Menor Balmori
Photo credit: DR Victoria Menor Balmori

Otro de los secretos mejor guardados de las Rías Baixas es Carril, una pequeña parroquia de Vilagarcía de Arousa donde apetece refugiarse cuando se busca una escapada en la que impere la calma. La almeja de Carril es tan célebre y deliciosa que cuenta con un festival propio en agosto para degustarla a lo grande e incluso con un festival de rock muy autóctono que le rinde homenaje, el ‘Ameixa Rock’. Sin embargo, saborearla en invierno es igual de necesario, al igual que pasear por su interminable paseo marítimo hasta Vilagarcía de Arousa o navegar hasta la costa de la Isla de Cortegada y dejarnos aromatizar por su singular bosque de laureles. Cuando se trata de elegir restaurante, A Esmorga y O Loxe Mareiro nunca fallan.

Muros

Photo credit: Cedida por Turismo de Galicia
Photo credit: Cedida por Turismo de Galicia

Ubicado en el litoral de la ría de Muros y Noia, esta villa marinera ha sido declarada conjunto histórico-artístico gracias a una zona antigua tejida en plazas, muros de piedra y soportales donde destaca la Colegiata de San Pedro de Muros y su preciosa torre. Los curiosos podrán visitar las entrañas del molino de mareas Pozo de Cachón, junto a la ensenada de Muros, para comprender su funcionamiento, aunque si hay un lugar que se lleva todo el protagonismo es su puerto, colmado de barcas pesqueras de colores. Muy cerca queda la lonja, donde podremos disfrutar de las subastas de pescado en directo, aunque nuestras vistas favoritas quedan a pocos kilómetros, en Monte Louro.

Muxía

Photo credit: Claudia Prommegger  - Getty Images
Photo credit: Claudia Prommegger - Getty Images

Acantilados escarpados, aguas agitadas, un faro que asoma al fin del mundo... Tras enfrentarnos a la Costa da Morte, llega la hora de respirar la calma en Muxía. En esta localidad envuelta en leyendas, se cuenta que la Virgen acudió a Muxía en una barca de piedra para dar ánimos al Apóstol Santiago y que los restos de esta embarcación son hoy las gigantescas piedras con propiedades mágicas que yacen junto al Santuario de la Virgen de la Barca, donde se disfruta de uno de los mejores atardeceres de nuestro país. Frente al santuario, cogiendo sitio en las inmensas rocas que lo protegen, veremos cómo desaparece el sol tras el mar mientras las olas rompen con fuerza. Muy cerca yace la escultura A Ferida que recuerda el terrible impacto medioambiental que supuso la catástrofe del petrolero Prestige y, a 17 kilómetros, el Faro Touriñán consigue eclipsar a Finisterre siendo el punto más occidental de Galicia. ¿Nuestro colofón? Una mariscada en Lonxa de Álvaro.

Ribadeo

Photo credit: Marco Bittel - Getty Images
Photo credit: Marco Bittel - Getty Images

Donde desemboca el río Eo, haciendo frontera con Asturias, encontramos uno de los máximos exponentes de la mariña lucense. Ribadeo es elegido tanto por la arquitectura que encierran sus calles como por la vasta naturaleza que le rodea. Un equilibrio que comienza en el Fuerte de San Damián y que se aprecia mejor si cruzamos hasta el extremo de la pasarela de O Cargadoiro. El ascensor panorámico es perfecto para asomarse a la ría de Ribadeo y ver Figueras, aunque los edificios más emblemáticos los encontraremos en Plaza de España, como el Pazo de Ibáñez o la Torre de los moreno. Obligatorio cruzar el puente hasta Isla Pancha para ver sus dos faros y disfrutar de una costa escarpada que se supera en la Playa de las Catedrales, uno de los lugares más bonitos del mundo donde pasear bajo arcos erosionados hasta casi lo imposible.

Cariño

En este pueblo pesquero de A Coruña encuentran los Acantilados de Vixía Herbeira, los más altos de la Unión Europea, que separan el océano Atlántico y el mar Cantábrico, y desde cuales se contemplan unas vistas absolutamente inolvidables.

Finisterre

Photo credit: Xurxo Lobato - Getty Images
Photo credit: Xurxo Lobato - Getty Images

Esta apacible villa marinera de la Costa da Morte (A Coruña) es el lugar en el que los romanos pensaban que acababa el mundo conocido. Y, precisamente, este es uno de los mejores lugares de Galicia (y del mundo) donde contemplar cómo el sol es engullido por el mar en el atardecer. También es el enclave en el que termina la ruta milenaria del Camino de Santiago, ante el mar, justo en la señal que indica el kilómetro cero en el Monte de Finisterre. No todos los caminantes continuan el camino hasta aquí después de abrazar al Apóstol pero, quien lo hace, visita la iglesia de Nuestra Señora de las Arenas. Su casco histórico tiene la banda sonora de las olas y las gaviotas, y su Castillo de San Carlos alberga hoy el Museo de la Pesca. Sus playas, para todos los gustos, se caracterizan por tener el agua bastante fría, pero solo hace falta una buena ración de pulpo, vieiras o zamburiñas para quitarse este gélido recuerdo.

Malpica

Photo credit: Xurxo Lobato - Getty Images
Photo credit: Xurxo Lobato - Getty Images

Este pueblo marinero que cuenta con un puerto precioso se encuentra en la comarca de Bergantiños, a 52 kilómetros de A Coruña. Además de sus playas, en Malpica también se pueden visitar el Faro de Punta Nariga, las Torres de Mens - una antigua fortaleza medieval que ahora es una residencia -, el Dolmen de Piedra de la Arca, la Iglesia De Santiago de Mens y la Ermita de San Adrián.

Pontedeume

Este pueblo empedrado repleto de callejuelas, plazas y casas con mucho encanto se encuentra en la desembocadura del río Eume. Junto a este centro histórico que bien merece un paseo y muchas raciones de marisco, las grandes bazas de Pontedeume son la montaña y la playa, ambas a sus pies. No te pierdas su puente de piedra, el Torreón de los Andrade, su plaza real y la de San Roque, los Jardines de Lombardero, su antigua muralla y, en los alrededores, las Fragas do Eume, Redes - un pueblo precioso que está a solo 6 kilómetros - y las playas de Ferrolterra y Centroña.

Mugardos

En la costa de la ría de Ares y a pocos kilómetros de Ferrol se encuentra la Real Villa de Mugardos (A Coruña). Este pueblo pesquero se llena de veraneantes durante la temporada estival y es conocido por sus exquisitas raciones de pulpo a feira y a la mugardesa, que cuenta con su propia fiesta, a mediados de julio. Sin embargo, además de comer pulpo, si visitas Mugardos debes hacer check en su paseo marítimo, en los Baños de Caldoval, un antiguo yacimiento romano; en su Castelo da Palma, y bañarte en la playa de la Bestarruza, de aguas calmadas (que no templadas).

San Vicente do Mar

Se trata de uno de los lugares con mayor encanto de Galicia, especialmente en verano, y hasta él se llega pasando la Playa da Lanzada. Te conquistará por sus calas, por sus rutas para pasear como su pasarela de madera, por su casco antiguo y por el Náutico de San Vicente do Mar, sobre todo si eres un gran amante de la música, ya que la mayoría de las grandes figuras de nuestro país no se resisten a acercarse hasta aquí para dar un concierto (y no nos extraña).

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