20 preguntas (y respuestas) sobre moda responsable

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Photo credit: Edward Berthelot
Photo credit: Edward Berthelot

¿Por qué vale la pena aprender a coser?

No hace falta que te conviertas en la Pertegaz de tu barrio. Los rudimentos básicos son suficientes, y resultan tan útiles como saber cocinar. Aprende de alguien cercano a quien admires. Educar une y empodera. Saber hacer algo con las propias manos es responsabilidad, libertad, poder, independencia, confianza. Te libera de un sistema que quiere que tires a toda costa. Te hace reflexionar sobre lo desechable, lo vulnerable, la longevidad, los ciclos naturales. Cuidar es una expresión formal de amor.

¿Un modo rápido de saber si la prenda que tengo delante vale la pena?

Hay otra pregunta antes: ¿lo necesitas? ¿Puedes alquilarlo? ¿Te lo pueden prestar? ¿Es un capricho que puedes poner en cuarentena varios días, hasta cerciorarte de que lo deseas? Una vez tengas clarísimo que no compras por ansiedad, tristeza o aburrimiento, fíjate en el patronaje (cómo está cortado, cómo cae, cómo te sienta) y en que el tejido sea de calidad.

Las cinco materias magníficas.

Algodón reciclado, poliéster reciclado, lino orgánico, cáñamo, lana que no provenga de cría intensiva y esté libre de mulesing.

¿Por qué comprar fibras orgánicas?

La transición de la agricultura convencional (que agota la tierra) a la regenerativa (que la respeta) es cara y requiere tiempo. Cuando compramos fibras orgánicas apoyamos los compromisos financieros que los agricultores han asumido para la transición hacia técnicas que requieren un mayor riesgo económico por adelantado.

¿Qué hago con las prendas que me gustan pero ya no me van bien?

Si te queda grande o necesita pequeños ajustes, consigue el teléfono de un/a modista de tu barrio. Si te queda pequeña, no te engañes: no es probable que en unos meses entres. Regálala a alguien muy querido que la valores y use; donarla en el contenedor de reciclaje no te asegura que acabe en buenas manos.

¿Qué prenda es siempre un error comprar?

Nada asegura el error o el acierto, pero es más sensato comprar con una planificación previa, tras un repaso exhaustivo y sin autoengaños del propio guardarropa. Salir a comprar «a ver qué se pilla» suele acabar en adquisiciones chulas pero poco prácticas e incombinables. Todas las prendas de nuestro armario (el 99%) deberían responder con coherencia a nuestro estilo de vida. A título personal; los zapatos baratos, la polipiel, los bolsos chorras, los escotes asimétricos, los pikis (o como se llamen esos calcetines cortos e infernales), los ‘jumpsuits’ y las camisetas de poliéster están entre mis adquisiciones prohibidas.

Diez marcas en las que valga la pena invertir.

Hermès, Sunspel, Sleeper, Babàa, Patagonia, Sheep Inc., Reformation, Stella McCartney, Gabriela Coll, Opere Plumari.

¿Cuántos zapatos crees que hay que tener?

Más de doce pares me parece excesivo. Tres zapatillas deportivas, unos zapatos masculinos de cordones, unos mocasines, unos zapatos planos cómodos, unas sandalias planas, cuatro zapatos de tacón (dos formales, dos informales), unas botas de montaña.

¿Qué porcentaje de nuestro armario usamos?

Los estudios dicen que alrededor de un 20% del guardarropa. Yo creo que incluso menos. Si al hacer balance lo que abunda es de marcas de fast fashion, no importa: es tan fácil como ir contracorriente, y si la estadística dice que esa prenda se usa unas tres veces y se desecha, nosotros la vamos a usar años y años. Y la vamos a disfrutar, que es la clave de la peineta al sistema. Nos han dicho que comprar es lo divertido. Bien, yo digo que lo reconfortante es llevar una y otra vez las mismas prendas y afianzar nuestro sello personal precisamente en base a esa coherencia.

¿Cómo motivarme para ahorrar?

Si en vez de utilizar el verbo “gastar” pensamos en “invertir”, cada adquisición toma una dimensión diferente. Hay joyas, bolsos y objetos que pasan de generación en generación, y se siguen disfrutando mucho tiempo después de que uno haya olvidado su precio. Ya no son cosas inanimadas, sino símbolos familiares e identitarios. Sigue siendo válida la sencilla cuenta matemática del coste por uso (calcular los años que lo vestiremos, y a cuánto nos sale cada puesta). Ahorrar no es una cuestión de ingresos, sino de hábito. Tener el hábito es más importante que la cifra que ahorres, por pequeña que te parezca. Aprender esa disciplina te será útil para organizar tus finanzas.

Una gran tontería de la moda.

Se me ocurren muchas, pero por ejemplo: las prendas de denim con aspecto descolorido o roto. Requieren baños químicos tóxicos con ácidos y lejías, y lijados a mano. Los trabajadores que se encargan de ello contraen infecciones pulmonares y problemas en la piel.

¿Podré seguir comprando en Shein?

El Pacto Verde que la Comisión Europea ha planeado para el año 2030 protegerá y fomentará los modelos de negocio circulares, es decir, a las marcas que lo estén haciendo bien. ¿Qué es hacerlo bien? Crear productos pensados para una larga duración, concebidos desde su diseño para que sean reciclables, sin sustancias peligrosas en su composición, con menos colecciones al año. O sea, que respeten los derechos sociales y el medio ambiente. Obligará a las marcas a una mayor transparencia, porque estarán bajo la lupa. Shein y todas las demás firmas de ultrafast fashion tendrán que espabilar.

¿Comprar sostenible tiene que ver con el feminismo?

Sí. Si eres mujer y no te fijas en qué ropa estás comprando, es probable que estés perjudicando a otra mujer. La brecha salarial de género está muy acentuada en Pakistán y Sri Lanka, y algo más igualada en Bangladesh, Indonesia o Vietnam. Las mujeres son el 75 % de la fuerza laboral de esta industria.

¿Recomiendas algún jabón o detergente específico para que las prendas duren más?

Cuatro consejos: no usar secadora para nada delicado, no usar suavizante, no usar mucha cantidad de jabón, y sin extremos: a las prendas buenas no les gusta el agua caliente, pero tampoco helada. El detergente sin fosfatos ni ftalatos con mejor relación calidad/precio es el de Frosch.

Cuando voy a una tienda de segunda mano no sé qué comprar.

Un consejo de estilo: ropa de trabajo. Hace un siglo, ‘ropa funcional’ era una redundancia. Una prenda debía ser útil sí o sí: tenía que cubrir, abrigar, proteger. No es casualidad que la ropa tradicional de los oficios sea venerada por la moda. Esas prendas tienen una férrea voluntad de servicio y una ausencia total de pretensiones. No nacieron de la vanidad, sino de la pura necesidad, pero eso no impidió que se buscase la producción más esmerada, que condensaba el alma de un determinado pueblo o colectivo: la Escocia tejedora, la Francia pescadora, la Inglaterra granjera.

¿Los contenedores que recogen ropa usada sirven para algo?

Sí, pero prefiero regalar o intercambiar ropa con alguien conocido. En España tenemos contenedores de recogida de distintas empresas, adjudicadas a partir de concursos públicos. Cada empresa y cada municipio regula bajo subvenciones y condiciones fiscales distintas, de ahí el laberinto. También hay contenedores piratas (¡!). Tienen logo y teléfono de contacto, pero son ilegales. Es sorprendente lo poco que cuesta ocupar el espacio público con trastos. El único modo de estar seguros es preguntar al ayuntamiento de nuestra ciudad.

¿Vale la pena alquilar?

Para un evento puntual o una boda, sin duda. Infórmate de qué tipo de tintorería y mensajería emplea la plataforma escogida. En la Asia y Europa urbanas, donde el espacio escasea, el futuro será alquilar también textil de hogar que ocupe espacio, como las mantas o nórdicos.

¿Una iniciativa sostenible que te guste?

La Ethical Fashion Initiative, creada en 2010 y respaldada por la ONU, pone en contacto a artesanos y trabajadores textiles de países en vías de desarrollo (Uzbekistán, Haití, Afganistán, Kenia, Medellín, Mumbai, Burkina Faso...) con marcas con un ideario sostenible. Su portavoz, Simone Cipriano, explica que «el 95 % de las beneficiarias son mujeres, cabezas de familia. El fin último es que trabajen en condiciones justas y seguras, puedan convertirse en emprendedoras independientes y de paso se dé visibilidad y crédito a técnicas milenarias».

¿Cómo ser elegante?

Nadie tiene el poder de decirnos que vestimos bien o mal, porque la elegancia es un intangible que poco tiene que ver con el aspecto y mucho con el trato que damos a los demás. Cuando no eres amable, afeas todo lo que vistes. Con los años nos vamos conociendo mejor y adoptamos unas constantes de estilo que nos ayudan a explicar nuestras ideas. Vestir bien va mucho más allá de seguir las tendencias y encajar en esta sociedad acelerada, caprichosa e impersonal. Apartarnos de la corriente nos acerca a lo profundo y lo personal.

¿Si no lo hago todo perfecto, vale la pena?

La voluntad de cambio y de hartazgo y las pequeñas mejoras son valiosas, y te recuerdan tu poder como ciudadano. Cada marca tiene una relación específica con el progreso social, y refuerza una comunidad o la debilita. Las marcas independientes trabajan a contracorriente y bregan cada día con dificultades e incertidumbre. En su ideario y en sus acciones específicas debemos encontrar responsabilidad y humanidad. Como ciudadano, hacerlo todo perfecto es imposible. Acometer cambios progresivos es ilusionante, se aprende un montón sobre uno mismo. La sensatez tiene sus recompensas.

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