No imaginas el esfuerzo que hubo detrás de '1917'

Estamos en plena temporada de premios y las entregas de galardones de importantes asociaciones se suceden semana a semana. Y gracias a lo acontecido en una de las más prestigiosas, la del Producers Guild of America –el Sindicato de Productores de America–, hemos sabido un poco más sobre el increíble esfuerzo técnico y humano que hay detrás de una de las películas del año, 1917, con detalles que seguramente la mayoría ni imaginó al verla en cines.

Rian Johnson ha revelado hasta dónde llegan el mérito y el esfuerzo de 1917. (Imagen: Twitter @rianjohnson / François Duhamel - eOne Films)

La cinta del oscarizado Sam Mendes, que sorprendió a todos al llevarse Mejor Película y Mejor Director en los Globos de Oro y que parte hacia los Premios de la Academia con 10 nominaciones, se alzó el pasado 18 de enero con el premio Darryl F. Zanuck a Mejor Película (aunque sólo un día después, el reparto de la coreana Parásitos triunfó en los SAG, haciendo muy reñida la competición de cara a los Oscar).

Como es sabido, 1917 nos traslada al norte de Francia durante la Primera Guerra Mundial, para contarnos la historia de dos soldados británicos (Dean-Charles Chapman y George McKay) que tienen el objetivo de atravesar las líneas alemanas para entregar un importante mensaje y así evitar que 1600 hombres caigan en una emboscada de los alemanes. Una misión prácticamente suicida e inspirada en hechos reales que vivió el propio abuelo del director.

Para Mendes, esta cautivadora historia de sacrificio individual –que muchos han comparado con la de Salvar al soldado Ryan– requería un tratamiento especial que combinase la mayor verosimilitud y fidelidad histórica con una experiencia inmersiva casi comparable a la de los videojuegos o la realidad virtual. Y para ello tomó una decisión crucial que, a la larga, le daría enormes quebrados de cabeza: contar la película en un único e ininterrumpido plano secuencia (como hiciera Alejandro G. Iñárritu en Birdman). “Creí haberme vuelto loco”, nos confesó Mendes cuando le entrevistamos antes del estreno.

El director de fotografía Roger Deakins prepara un momento del largo plano secuencia. (Imagen: François Duhamel - eOne Films)

Lo cierto es que, gracias a la tecnología digital, hoy los planos secuencia y las tomas largas pueden “falsearse”, simulando perfecta continuidad entre lo que realmente son varias tomas distintas (y en cualquier caso, la película sí parece tener un corte explícito hacia la mitad de su metraje). Pero incluso si este fuera el caso de 1917, viendo el trabajo de su oscarizado director de fotografía, Roger Deakins, nos da vértigo imaginar la dificultad que entrañaría la preparación, rodaje y ensamblaje de dichos planos a fin de componer finalmente una imagen ininterrumpida. Así que, desde cualquier punto de vista, si hay un arma que la película de Mendes puede esgrimir frente a sus rivales de cara a los próximos Oscar es sin duda el enorme mérito que tiene su propia realización.

Dicho todo esto, no habíamos sido del todo conscientes del verdadero coste –humano, técnico, monetario– que supuso 1917 hasta que el director Rian Johnson (Puñales por la espaldaStar Wars: Los últimos Jedi) tuiteó al día siguiente de los premios PGA algunas confidencias que le hizo Mendes durante la gala, desvelando el auténtico mérito de la película y del compromiso de todos los implicados en ella:

Anoche en los premios PGA, Sam Mendes me dijo que 1917 fue REALMENTE rodada en una toma continua. Si un actor se equivocaba en una frase, tenían que volver atrás del todo y empezar desde el principio. Pagaron a Benedict Cumberbatch para presentarse todos los días y esperar en esa habitación al final. Estuvo allí 6 meses”.

Es decir, aquellos que tuvieran dudas si realmente estamos ante una película que se rodó de manera continuada como si fuera una obra de teatro al aire libre, la verdad es que sí. O al menos en dos, ya que solo existe un corte que se intuye como dos secuencias separadas.

Benedict Cumberbatch habría cobrado 20 millones de euros por esperar en el búnker a que le llegase su turno de actuar. (Imagen cortesía de Amblin / eOne Films)

El londinense de 43 años interpreta al coronel Mackenzie, el superior al que Schofield (MacKay) debe entregar el mensaje para que cancele un ataque que habría conducido a los británicos a una emboscada. Al tratarse del último acto, lo que Johnson señala es que el actor habría tenido que esperar casi 2 horas (o al menos una, si contamos a partir del corte que habría a la mitad de película) para su secuencia, esperando que todo el equipo de rodaje llevase a cabo una complejísima y arriesgada coreografía de actores (a veces hasta 500 extras), cámara, vehículos y efectos especiales, que desembocaría en aquel búnker… ¡solamente si todo salía bien!

Y parece que no todo salió rodado desde el principio si tenemos en cuenta el medio año que Benedict pasó en el rodaje, como apunta Johnson. Un trabajo tan extenuante para unos como potencialmente frustrante para participantes como Cumberbatch, quien no obstante habría recibido la friolera de 20,7 millones de euros (23 millones de dólares) a cambio de esperar y rezar por no equivocarse en sus frases y echar al traste tamaño esfuerzo colectivo.

Como revela el director de Puñales por la espalda, el búnker donde Cumberbatch aguardaba caracterizado y metido en el papel estaba equipado con un walkie-talkie oculto, cuyo propósito era avisar cuando el equipo se estuviese acercando –pero que frecuentemente sólo servía para transmitir varias veces al día el mismo mensaje: “Volvemos a empezar”.

El esfuerzo fue más arriesgado si cabe por cuanto la película de Amblin y DreamWorks tuvo un coste cercano a los 90 millones de euros (100 millones de dólares), con lo que cada minuto y cada error en el rodaje valían su peso en oro. No obstante, en vista de los más de 129 millones de euros (143 millones de dólares) que la cinta lleva recaudados, del 89% de aprobación crítica que ostenta en Rotten Tomatoes y de los importantes premios que ha cosechado (y ya veremos en los Óscar), parece claro que atravesar la tempestad, si la nave está en las manos adecuadas, puede merecer la pena.

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