10 reglas de oro para ir a un restaurante con niños y sobrevivir

Salir a comer con niños puede constituir un desafío mayor que el de compartir la primera cena con tus suegros o acudir a un restaurante con una cita por primera vez. Las tres situaciones pueden estar llenas de imprevistos, pero en el caso de los niños hay un factor extra: el de la rebeldía infantil. Por eso, aunque nos imaginemos en nuestra cabeza una velada idílica en la que pequeños repeinados pasan la sal y cortan el filete con el cuchillo como si aquello fuera la corte de Versalles, es más probable que la cosa se parezca más a una guerra de tartas de una película de humor. ¿Cómo reducir los riesgos? Aquí van 10 consejos que te pueden ir bien.

Acudir con niños a un restaurante exige una cuidadosa preparación. Foto: EdMontez / Pixabay
  1. Elige bien el sitio. Admitámoslo: hay restaurantes que pueden suponer un mayor desafío que otros. Si ni siquiera nosotros estamos seguros de si la cocina coreana es lo nuestro, ¿qué sentido tiene celebrar allí una velada familiar? Hay que intentar que todo resulte un poco más sencillo para los niños.
  2. No vayas muy tarde… ni a comer ni a cenar. No conviene despistarse con los horarios. El mayor riesgo tiene que ver, desde luego, con la cena. Que los niños acaben dormidos encima de la mesa antes de que llegue la comida es algo a lo que nos arriesgamos si salimos demasiado tarde.
  3. Que no vayan muy hambrientos. Si es necesario, es mejor incluso darles un pequeño tentempié en casa antes de salir. Un niño excesivamente hambriento en un restaurante es una pequeña bomba de relojería que no se va a adaptar a los tiempos de la cocina.
  4. Fija normas. Antes de salir de casa es interesante dejar fijadas unas cuantas normas de obligatorio respeto en el restaurante, desde que no se come con las manos a que no se pueden levantar antes de haber terminado. Puede resultar muy útil para evitar que la anarquía se apodere de la comida o cena.

    Una comida familiar en un restaurante no tiene por qué ser un desastre. Foto: Tetra Pak/Flickr (CC)

  5. Acierta con la comanda. No hace falta pedirles el menú infantil, pero sí que es interesante tener en cuenta que hay platos, como los arroces o las recetas al horno, que pueden tardar más tiempo en llegar a la mesa o fijarse con detenimiento en la descripción de los platos y no acabar pidiendo una pizza de brócoli, por ejemplo.
  6. Lleva entretenimiento. No se trata de entregarles tabletas y móviles desde el principio, sino de aprovisionarse en casa de cuadernos con lápices y juguetes pequeños -y silenciosos- con los que puedan distraerse mientras comen. ¿La clave? Que les hagamos una pequeña concesión a cambio de que se acaben la comida.
  7. La importancia de las tronas. Si hay niños menores de dos años y queremos un respiro mientras nos acabamos la paella, es importante que el restaurante cuente con tronas. Mejor confirmarlo antes de reservar.
  8. Si son muy pequeños y están muy cansados, lo mejor es abortar la operación. Tal cual: no tiene sentido querer imponer nuestro plan cuando están exhaustos y van a provocar que el plan se vaya al traste. Recuerda que no es culpa suya, sino del siempre complicado ajuste de tiempos.

    El postre, quizá el momento favorito de los niños en el restaurante. Foto Pxhere.

  9. En caso de rabieta, sácalos hasta que se calmen. En ese momento, cuesta pensar en cualquier cosa, pero es clave mantener la cabeza fría y sacarlos del restaurante hasta que se tranquilicen. El resto de clientes lo agradecerán.
  10. Aprovecha para que experimenten (dentro de lo normal). Una comida o una cena fuera puede ser el momento idóneo para que los niños prueben alimentos nuevos o platos distintos. No se trata de sustituir lo que ellos han pedido, sino de pedir alguna ración para compartir e invitarles a que prueben.