10 cosas que ver y hacer en París que probablemente nadie te ha recomendado

Por Andrés Galisteo
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París es la ciudad de las luces, la ciudad del amor. Pero eso tú ya lo sabes. Sus innumerables encantos son, más allá de bonitos, icónicos, y no caben ni en mil listas de expertos viajeros. Pero eso tú ya lo sabes. Sus apabullantes museos, bistrós de toldos rojos, letras doradas y cálidas terracitas, restaurantes de fama internacional con más estrellas que el firmamento y hoteles de lujo para perder la cabeza han hecho de ella un destino exquisito como pocos. Pero eso tú ya lo sabes. Es la ciudad de la moda, puedas o no permitirte las creaciones de las emblemáticas firmas que pueblan algunas de sus calles más elegantes, en los bajos de esos edificios "haussmannianos" tan característicos. Pero, ¿qué pasa cuando ya sabes todo eso, cuando la torre Eiffel te produce el mismo efecto que la Puerta de Alcalá? Ahora es cuando dejas las guías al uso a un lado y lees más abajo. Este reportaje está dedicado a ti, que no vas a París por vez primera, que no eres un turista más. Porque no lo eres. Y nosotros, tampoco.

CAMBIA EL PLAZA ATHÉNÉE POR EL NUEVO J.K. PLACE

París está repleta de hoteles fantásticos, de grandes hoteles, de grandes nombres del sector del lujo que son casi destinos en sí mismos. El Plaza Athénée en el que ser testigo de encuentros en la tercera fase entre las "celebrities" más insospechadas. El eterno Ritz. El Four Seasons George V, el Peninsula. No hay gran cadena que no haga de París su ciudad estrella y esa es solo una de las razones por las que la italiana J.K. Place, con tres propiedades en Italia convertidas ya en iconos a pesar de su juventud, desembarca este mes de diciembre. Lo hace, no obstante, con un concepto mucho más personal, más pequeño, más boutique. Una exquisita mezcla entre establecimiento de diseño con sello italiano, servicio e instalaciones de categoría Gran Lujo (como garantiza el hecho de ser miembro ya de The Leading Hotels of the World) adaptados completamente al gusto del cliente y "hôtel particulier" de apenas una treintena de habitaciones en la "rive gauche", área en la que son pioneros. Ni en el meollo, ni lejos de él: es una exquisita zona residencial tranquila en la que vivir el París más cualitativo y, también el más auténtico. Porque aquí viven los parisinos (los que se lo pueden permitir). Su punto diferenciador lo ejemplifica su creador y propietario, Ori Kafri: "Una taza de café para recibir a nuestro huésped". No cliente, huésped. El objetivo, sentirse en casa. O en la casa que uno querría tener.

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CAMBIA EL "MARCHÉ AUX PUCES" O LAS TIENDAS DE LA AVENUE MONTAIGNE POR LOS PASSAGES COUVERTS

Cambia tus compras parisinas. El "mercadillo" más grande y famoso y la avenida más exclusiva de Francia, que culmina en el mencionado Plaza Athénée con vistas a la torre Eiffel, seguro que ya han estado en tu lista. Si no, haz el favor de actualizarla, al menos para pasear esta última y sus aledaños, haciendo una parada en el reciente Beefbar, uno de los últimos "wows" y "places to be". Pero si ya lo has hecho, cosa bastante probable, cámbiala por un "shopping" con más "charme" aún en los llamados "passages couverts" que se abren, de pronto, en los lugares más insospechados por la zona de los Grands Boulevards. Nos encanta, por lo inesperado y pequeñito, el Passage de l'Ancre y su boutique de venta y reparación de paraguas. Por su importancia histórica (fue el primero, en 1799), arquitectura y por sus anticuarios, el Passage des Panoramas. También por sus despachos de viejas curiosidades, el Passage Verdeau. Y por su exotismo, el Brady, llamado Little India por sus restaurantes de comida exótica. Para subir nota: El cine Brady, al lado, es un precioso cine vintage que proyecta películas independientes perfectas para ver acurrucado en pareja en sus butacas dobles.

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CAMBIA EL SENA POR EL CANAL DE SAINT MARTIN

Te has cogido el barquito, has hecho la turistada, has admirado la belleza de las dos orillas del río, de día y de noche. Hay más agua que la del Sena en París. De hecho, los parisinos gustan de darse cita los domingos en el canal de Saint Martin para un paseo por sus laterales, un picnic, un brunch o una copa. Todo muy bobo, étnico, ecológico y por supuesto elegante. Eso en París siempre es así. ¿Un sitio "top" que lo resume todo? El colonial Le Comptoir Général con una atmósfera y ambiente diez. Cuesta un pelín encontrarlo pero cuando entres no querrás salir. Si buscas brunch, mejor reserva. Y no te vayas sin probar sus cócteles de inspiración africana, como todo aquí. ¿Una motivación más? No es nada caro. Aunque sea París.

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CAMBIA CHAMPS ÉLYSÉES POR ALGUNAS DE NUESTRAS CALLES FAVORITAS

Siempre pasearás Champs Élysées. Y siempre pararás en mitad de alguno de los pasos de peatones para hacer la foto del Arco del Triunfo. Pero, verás, hay algunas calles con la que hacer hervir tu Instagram y despistar un poco a tus seguidores. Por ejemplo, la rue Crémieux cuyos vecinos, de hecho, empiezan a estar un poco hartos de influencers. Nosotros no te hemos dicho nada pero sus pequeños edificios de colores son irresistibles. A dos minutos caminando, tus "followers" podrán pensar que estás en la High Line de Nueva York, pero no. Sigues en París, en la Coulée Verte Renée-Dumont en la que, has de saber, se inspiró la americana. El concepto es el mismo, un frondoso paseo verde en una antigua vía del tren. Parte de Bastilla y tiene casi 5 kilómetros, si te ves motivado, que atraviesan el distrito XII. Si buscas sentirte verdaderamente en la campiña francesa sin salir de la ciudad, visita el diminuto barrio La Campagne à Paris, se llama así, en la Porte de Bagnolet. En este estilo, tal vez más bucólico, encontrarás asimismo la calle de las Termópilas en el distrito 14 o, en el 13, la rue Daviel, apodada "la pequeña Alsacia".

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CAMBIA L'ÎLE DE LA CITÉ POR L'ÎLE DE SAINT LOUIS

Mira que está ahí mismo, bien pegadita a la otra isla, pero no suele aparecer en los circuitos básicos y es una verdadera lástima. Quizá mejor, así sus tres calles, sus galerías de arte, salones de té y elegantes bistrós como Le Saint Regis siguen siendo un relativo oasis. Ve a visitar una de las "Anunciaciones" de Fra Angélico en la imponente iglesia de San Luis, otra desconocida, antes de acoplarte otra vez al recorrido típico e imprescindible y cruzar por el puente a Notre Dame.

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CAMBIA A ALAIN DUCASSE POR RAQUEL CARENA

Alain Ducasse es uno de los cocineros que ha conseguido más estrellas Michelin para su treintena de negocios en el mundo. En París están algunos de los más reconocidos, como el restaurante homónimo que regenta en el Plaza Athénée, con tres de las preciadas distinciones de la Guía Roja. Pero, ¿sabes dónde come él? Él y otros tantos han ensalzado a la argentina Raquel Carena y su Baratin (ni siquiera tiene web), en el barrio de Belleville. La zona bulle ahora de novedades pero ella lleva treinta años apostando por su cocina de base, de madre, con excelso producto de temporada, magníficos fondos, sin locuras, elaborados cada día para una lista de platos que se muestran en una pizarra al comensal. Igual los vinos, una inmensa selección por copas de propuestas nada habituales de entre las que pedimos consejo a nuestro gurú. En lo sólido, nos tomamos un "chou farci" o repollo relleno épico, una receta que ya no se ve y que aquí bordan. Entenderás, como nosotros, por qué se refieren a ella como la abanderada de la "bistronomie".

CAMBIA LADURÉE POR LE PETIT GRAIN

Seguimos en Belleville. Ya te decíamos que tiene mucho y muy bueno y una de esas últimas cosas es la "boulangerie" más reciente y más apetecible de París. Está detrás Edward Dellung-Williams que también está detrás de otro restaurante "top" a dos pasos, Le Grand Bain, un "must" parisino "chic and cheap" bien oculto aquí desde su apertura hace unos años. Panes y repostería de masa madre (rara en esta ciudad) son protagonistas y, muy especialmente, lo es su bollo de canela. Nuestro nuevo cruasán (perdón, "croissant") favorito está aquí así que, esta vez, cambia los imperativos "macarons" de la archiconocida Ladurée por algo más de barrio y "comme il faut".

CAMBIA EL MOULIN ROUGE POR EL LIDO

Mira, este punto no es que sea desconocido del todo, pero tenemos que avisarte de que es el ÚNICO que merece la pasta que vale cualquiera de los tres grandes cabarets parisinos. El Moulin Rouge es el Moulin Rouge por fuera pero por dentro es Noche de Fiesta. El Crazy Horse tiene reputación de serio y pretende alejarse del faranduleo y el brilli brilli para ofrecer un cabaret más tradicional, más sensual, oscuro, con mucho más desnudo. Y ya. No tiene mayor gracia y es el más caro de todos. El Lido, sin embargo, propone un lujoso show de calidad, elegante, sofisticado, interesante, divertido y sí, espectacular. Muy a lo musical de Broadway. Si te marcas la velada "guiri" (esto es un poco como el que viene a un tablao a España, que parece que solo van extranjeros cuando en muchos hay una calidad excepcional que los españoles no valoramos), hazlo en este.

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CAMBIA LA PLAZA DE LOS PINTORES POR LOS VIÑEDOS DE MONTMARTRE

¿Sabías que en Montmartre hay viñedos? Nosotros, no. Pintores ofreciéndote un retrato, un huevo. Pero viñedos, no. Hasta que fuimos. Así que cambia la plaza que, dicho sea de paso, se han cargado con una estructura cubierta que le quita todo el encanto por este pequeño remanso vinícola. Son los únicos y últimos viñedos de París, dicen. Se cuidan todo el año por el personal público de parques y jardines, celebran su fiesta de la vendimia en octubre y, en verdad, de ellos surge el vino Clos Montmartre que se vende con fines solidarios. No es una maravilla pero el lugar merece la pena.

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CAMBIA EL BAR HEMINGWAY POR CANDELARIA

Por la institución que es el bar Hemingway del hotel Ritz han pasado Cole Porter, F. Scott Fitzgerald, por supuesto Hemingway (¿qué bar no pisó Hemingway?), Gary Cooper... Cada día, aún hoy, sigue ocurriendo. No con ellos, obviamente, pero sí con lo más granado de nuestros tiempos. Sus cócteles tienen fama internacional pero hay otro lugar que también la tiene. Y está en una trastienda de una taquería cutre de Le Marais. Candelaria ha llegado a estar en el 50 Best mundial de los bares y no es para menos. Muy enfocado en el agave y en lo ecológico, sus tragos mexicanos son una perversión y aseguran noches para el recuerdo. No solo es sorprendente y espectacular atravesar la diminuta puerta blanca del fondo del local que da acceso a esta joya escondida, es divertidísimo. Lo más probable es que acabes comiendo tacos (inmensos, por cierto) con los de al lado cuando salgas del revés. ¿Quieres estar en la onda? Ve.

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