Del Camp Nou al Monumental, Messi viaja solo

Toni Kroos y Casemiro tratan de parar a Leo Messi. (Foto Pablo Morano/MB Media/Getty Images)

La imagen se repite. Leo Messi baja al centro del campo, organiza el juego, desatasca la salida de balón, atrae a múltiples jugadores para liberar compañeros y suelta el cuero para volver a conectar con él instantes después. A Leo, de apellido superhéroe, cada vez le exige más tanto su equipo como su selección pese a tener 32 años. No es que el tiempo no haga mella en su rendimiento, pero el rosarino sigue siendo la gallina de los huevos de oro a la que se le exprime al máximo.

Sin importar contexto, temporada o rival en los últimos tiempos, Messi camina por la cornisa del juego cargando con la responsabilidad del titán sin encontrar un proyecto que potencie sus últimas temporadas al máximo nivel de manera continua. En el caso del Barça, el sistema es Messi. La respuesta a todas las preguntas es Messi, porque cuando hay incógnitas en el juego, el argentino las despeja a base de goles imposibles y jugadas que quedan grabadas a fuego en la retina.

Sin embargo, esto no debería evitar hacer un juicio sumarísimo a un técnico como Ernesto Valverde, cuya tercera temporada al mando del Barça muestra la indefinición, involución y apatía de un equipo que pulula por el campo a la espera de que el ‘10’ encuentre el momento perfecto para decantar el partido. Algo más propio de un primer año de proyecto que busca conectar las piezas y sentar las bases que de un tercer capítulo donde el final será lo que quiera Messi, pero también lo que el argentino no pueda conseguir sin una estructura que multiplique su talento.

En este sentido, la salida de balón del Barça de Ernesto Valverde ha ido experimentando un progresivo deterioro donde las piezas no fluyen de manera armónica, sino que van improvisando el siguiente paso hasta poder encontrar a la pieza clave con acento argentino para poder imprimir un ritmo más a la acción. Un cambio radical en el paradigma y ADN de un club que se identificaba por dominar al rival desde el centro del campo, no por entregarle las llaves de su fórmula, algo que sucedió ante el Real Madrid de Kroos, Casemiro y Federico Valverde.

El Barça se parte y vacía el centro del campo.
Lenglet trata de sacar el balón jugado pero no encuentra líneas de pase.
Leo Messi debe bajar un escalón mientras el central azulgrana no logra conectar con el centro del campo.
El Real Madrid plantea una presión hombre vs hombre y el Barça no sabe cómo progresar.
Nélson Semedo, de espaldas a los centrocampistas, no encuentra una vía de salida.


La imagen de Leo Messi gozando de una anarquía extrema en esta Liga 2019/20 sin que su técnico le brinde un entramado ofensivo preparado para entregarle el mayor número de pelotas en las mejores condiciones posibles es también el símbolo de alguien que lo fía todo al talento individual de su futbolista más diferencial sin darle las herramientas necesarias para que lo haga. Algo que ya vimos en el Mundial de Rusia o en épocas pasadas en el Camp Nou.

Es cierto, Messi forzará la máquina. El Real Madrid deberá sumar cerca de 100 puntos si quiere ganar la Liga y probablemente, el argentino la ganará de nuevo o estará muy cerca de hacerlo, pero si bien la afirmación de “es que Leo Messi juega solo” es una falacia a todas luces, la realidad demuestra que el ‘10’ azulgrana no está encontrando facilidades desde la pizarra a lo largo de los diferentes torneos para alzarse con la gloria, sino que, al contrario, está teniendo que superar obstáculos tácticos y no está contando con socios. Y pese a ello, a Messi se le seguirá exigiendo una regularidad meteórica con sus correspondientes actos heroicos: por eso Messi viaja solo.


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