'Élite 5', final explicado: ¿Está muerto?

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Photo credit: Netflix
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Damos por hecho que ya has visto al completo la temporada 5 de Élite en Netflix, la más explícita en cuanto a drogas y sexo, la más retorcida en cuanto a relaciones personales, la más polarizada en cuanto a crítica, que todavía no tenemos claro si es buenísima o malísima. En este punto, da igual. Lo único que queremos es permanecer unos instantes más en este universo de rollos juveniles azuzados por ráfagas de thriller bien chungo y debatir con nosotros mismos sobre qué ha pasado en el final y qué nos han querido contar.

Estás avisado. A continuación, vamos con un batallón de spoilers para sacar conclusiones sobre el traumático final de esta quinta entrega.

El final de 'Élite 5': ¿Samuel está muerto?

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Cualquiera que siga Élite desde el principio podía intuir que eso de hacernos creer que Samuel (Itzan Escamilla) iba a ser condenado por el asesinato de Armando (Andrés Velencoso) no era más que un juego de espejos. Se confirma a mitad de temporada, cuando pudimos ver que el ¿cadáver? que flota en la piscina era el del propio Samuel. La serie utiliza este recurso de forma habitual –la crítica más evidente a Élite es que repite una y otra vez las mismas fórmulas– y esta vez ha resultado más previsible que en el final de la cuarta temporada, que sorprendió con ese guiño claro a Big Little Lies.

Un mini resumen y a continuación nos planteamos la pregunta del millón: después de mil idas y venidas, Samuel decide de una vez por todas romper el lazo que le une a Benjamín (Diego Martín) y se dispone a llevar a la Guardia Civil la tarjeta sim que le implica con Armando. Forcejean, Samuel se abre la cabeza con el bordillo de la piscina, Patrick (Manu Ríos) lo saca, llega toda la tropa, Samuel parece que se recupera pero acaba perdiendo el sentido antes de que llegue la ambulancia.

¿Está muerto? Lo lógico sería pensar que sí, sobre todo por la reacción de Rebeka (Claudia Salas) y Omar (Omar Ayuso), que lloran con rabia y desesperación en ese último plano en el que se alejan de la casa donde reside esa familia que ha destrozado sus vidas por completo. Pero ya sabemos cómo son estas series: hasta que no ves a un personaje dentro de un ataúd y bajo tierra, y a veces ni por esas, siempre hay posibilidades de que esté vivo. Más en este caso, que se ha dejado abierto a propósito de cara la próxima temporada.

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La respuesta, al menos hasta que haya una confirmación oficial, la podemos encontrar en el Instagram de Itzan Escamilla. El actor no ha colgado ni una sola foto de esta quinta temporada desde su estreno, algo que ya de por sí es tremendamente llamativo… Más todavía si se trata de su última participación en la serie que ha cambiado su carrera. Nuestra intuición es que él desea que este haya sido su final, y que lo próximo que publicará, con un tiempo de cautela para no fastidiar a quien todavía no ha visto la temporada al completo, será su despedida oficial. Tal y como hicieron Miguel Bernardeau y Arón Piper en la anterior entrega, unas semanas después del final… Y como acaba de hacer Omar Ayuso, que se ha despedido para siempre de Élite con esta publicación:

El final de 'Élite 5': ¿qué historia nos han contado en realidad?

De una manera más sutil en la cuarta temporada y de forma explícita en la quinta, por fin hemos visto el arco (casi) completo de la familia de los 'benjamines', sobre quienes se ha estructurado toda la trama. En el fondo, la historia que narra Élite es el clásico arquetipo –y que siempre funciona– de familia mafiosa estilo El padrino o incluso la estructura de un Star Wars: qué hacer cuando tienes que elegir entre la familia o tus principios. Con todas las consecuencias que ello implica.

En el caso de Samuel (y es una pena que no se haya acentuado más), se juega con la necesidad de este personaje de clase humilde no solo de ascender en la escala social, sino de ser parte de una familia. De nuevo es un arquetipo que resuena en los clásicos del cine y la literatura: el del 'advenedizo' que supera en lealtad cualquier lazo de sangre para conseguir su reconocimiento. Acorde al fondo de buen chico que ha mostrado a lo largo de toda la serie, en la escena final decide ser fiel a sus principios antes que al dinero y la prosperidad laboral, aunque solo lo hace al ver que Benjamín nunca lo verá como un hijo verdadero. Buscaba más un padre que un mentor… Y finalmente no consigue ni una cosa ni la otra.

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Esa misma estructura se puede aplicar a los tres hijos de Benjamín, atravesados por el mismo conflicto: luchar por su libertad o asumir que son y siempre serán los hijos de su padre. Luke Skywalker llamando a Élite. Patrick, Ari (Carla Díaz) y Mencía (Martina Cariddi) tienen un viaje similar en ese sentido: van de un lado a otro del tablero hasta que, más que elegir un lado, se quedan volcados en mitad de la partida. Ari, entre Samuel e Iván. Mencía, en un vaivén que se pasaba el raccord emocional por el forro, con Rebeka. Ojalá se encauce esta relación, porque en la anterior temporada fue oro.

El caso de Patrick se ha desarrollado más esta temporada. Su arco consistía en pasar de ser ese ególatra narcisista que ataca a todo aquel que no cumple sus deseos a un ser humano vulnerable. Y más o menos lo ha recorrido por completo con la trama de Iván (André Lamoglia) y su padre. Obviando (y es mucho obviar) que hablamos de una relación entre un futbolista maduro y un menor, supuestamente estamos ante el nacimiento de un nuevo Patrick, capaz de pedir ayuda cuando está herido en lugar de lanzar él todo el veneno. La clave está en el momento en que duda en seguir el plan de su padre, y finalmente convertirse en alguien como él, que es lo que Benjamín desea, o hacer lo moralmente correcto. Como ya sabemos que Iván y su padre se quedan en Madrid –lo que implica que estarán en la temporada 6–, tendremos la oportunidad de ver cómo se desarrolla. Si la pregunta que te planteas es si Iván es bisexual o no… pues como que no procede, siglo XXI llamándote a ti.

El final de 'Élite 5': la denuncia de Isadora

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Esa escena final de Isadora (Valentina Zenere) denunciando una violación en comisaría en realidad es el final de la trama de Phillipe (Pol Granch). Sí, la historia de la 'emperatriz de Ibiza' sirve para reflejar de forma (muy básica) qué lleva a alguien a caer en las drogas, y también es un reflejo, edificante y bienpensante, de por qué mantener relaciones con una chica inconsciente es siempre una violación, se mire por donde se mire. Las dolorosas referencias a 'la manada' quizá son obvias, pero bienvenida sea esta reflexión tan meridiana en una serie que ven jóvenes de todo el mundo, no solo los que están concienciados con la violencia machista. En ese sentido, y aunque de nuevo peca de obvio, lo mejor es esa escena final entre Isadora y Cayetana: tienes derecho a hablar cuando quieras, yo siempre te voy a creer. Ahí queda. Fabuloso.

A nivel de trama, sin embargo, lo que hemos visto es la redención de Phillipe: ha pasado de sobrepasarse con las chicas que le decían "no" a apoyar sin fisuras a una víctima. Quizá el romanticismo sobraba en esta estructura, pero entendemos que es la vaselina que se le exige a una producción con tanto impacto mundial. En fin.

El final de 'Élite 5': justicia para Cayetana

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Si, como nosotros, eres de los espectadores que asumen con generosidad los giros inverosímiles de las tramas de asesinatos solo por disfrutar de los momentazos livianos de Élite, seguro que tú también te alegras por Cayetana (Georgina Amorós). En la pasada Navidad se estrenó una de esas Historias Breves en la que conocía a Felipe (Álex Monner), un perroflauta monnérrimo (perdón) que era básicamente lo contrario a Phillipe. Aunque los guionistas se han visto obligados a mantener cierta atracción entre Cayetana y Phillipe en esta quinta temporada, cada escena en la que aparece Felipe es otro mundo. Química pura. Que acaben juntos supone un fin de arco espléndido para Cayetana, que empezó con la obsesión de ascender en la escala social y acaba desnudando todas esas capas para ser feliz con la idea de irse a comer unas "tapas del tamaño de raciones" (¿puede haber una frase más bella?) con un chico maravillosamente normal.

Este final, que casi sin duda es también la despedida de Georgina Amorós de la serie (qué actriz más estupenda, ¿verdad?), también nos sirve para responder a la segunda pregunta del titular. Lo que ha muerto en esta temporada de Élite –hay esperanza de que resucite en la siguiente, por supuesto– es el cachondeo fresco, los dramas ligeros, los conflictos sociales importantes pero realistas. Todo eso que permitía disfrutar de escenas y diálogos que jugaban con lo cañero, con lo comprometido, con lo absurdo y con lo jocoso. La fórmula de los asesinatos siempre ha lastrado el verdadero corazón de Élite, al menos el que vibra con más gracia y verdad en su mercado natal, España, y en esta temporada se ha acentuado. ¿Se atreverán los creadores a escribir una temporada en la que no muera nadie? Esa sería la prueba de que la serie que nos enganchó locamente sigue viva.

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