Álex Pastrana ('Bienvenidos a Edén'): "Soy ingeniero pero lo dejé todo porque me enamoré de actuar"

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Photo credit: Fernando Roi
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Hace unos cinco años, Álex Pastrana acababa de terminar su Erasmus en París y el plan era instalarse allí para trabajar como ingeniero. ¿Qué pasó para que, a día de hoy, se haya convertido en uno de los actores con una proyección más apasionante? Porque lo de meteórico se le queda corto: acaba de estrenar en cines la película La jefa, junto a Aitana Sánchez Gijón, está grabando la temporada 6 de Élite con un personaje que promete conflicto puro y atracción más pura todavía… Y antes de eso se va a curtir en el universo de los fenómenos Netflix con Bienvenidos a Edén, la serie multigénero que aspira a arrasar en visualizaciones desde el viernes 6 de mayo.

Hablamos con este actor nacido en Caracas –vino a España con un añito, así que no hay acento que rastrear– de ese radical y fructífero cambio de vida mientras protagoniza su primer reportaje para una revista como Esquire. Ojo que nos lee desde que tenía 16 años y se nota. Lo de posar y hacer entrevistas lo afronta con un perfecto equilibrio de nervios, ilusión y profesionalidad: "La verdad es que no pegué ojo el día antes, era una cosa inconsciente y llegué muy nervioso. Pero me he sentido supercómodo, ha sido una primera experiencia muy guay".

¿Has profundizado en dónde vienen esos nervios?
Para mí es entrar en un mundo nuevo, muy grande y de una forma muy rápida. Supone entrar en un streamer como Netflix, con un producto que por sus características sabes que puede llegar a mucha gente. Así que es una oportunidad muy grande que da vértigo.

¿Y cómo te has preparado posicionarte ante una explosión así?
No es algo casual, es buscado. He estado cuatro años en Estudio Corazza, donde a la par que te estás formando como actor estás partiéndote la cara a nivel de industria: conseguir representante, buscar castings… Y a la vez vas viendo a la gente que lo consigue y el tipo de exposición al que se enfrenta. Todo eso te va moldeando la cabeza, siempre con el apoyo de la familia y los amigos porque es importante saber de dónde vienes… e intentar no cagarla. En mi promoción estuve rodeado de actores y actrices buenísimos que te inspiran, como amigo Pablo Vélez, que es una máquina. O Carlos González, el protagonista de Maricón perdido, maravilloso. Su camino me inspira mucho. Y dos años por encima de mi promoción estaban Eric Masip y Sergio Momo, que es mi colega de Edén.

¿Cómo fue el camino hasta Bienvenidos a Edén?
Todo un viaje. Estaba en el último sprint de Corazza, en septiembre de 2020, y llegó la prueba. Todo muy confidencial, daba pistas como que se valoraba el saber bucear, un entorno paradisiaco… Yo lo visualizaba tipo Outer Banks. Y las separatas molaban un montón, que es algo que no ocurre todos los días. Me grabé el selftape, salió bien… Pero sabía que era una fase bastante masiva, así que no me hice ilusiones. Al mes llegó la segunda fase, más selectiva, el estómago se aprieta… Otra selftape, otro mes de espera, ya con la escuela terminada y sin saber qué hacer… ¡Prueba final! Cuando me dijeron que me hacían test de antígenos antes del casting pensé que iba en serio (risas). Ahí te enteras de que solo quedan dos actores por personaje, que has pasado el filtro de Netflix internacional… ¡Uf! Y por fin después de otro mes más, llegó el sí.

Ese primer gran “sí” tiene que ser muy fuerte.
Es que era un alma en pena esperando esa respuesta, iba como un zombie. Y cuando lo recibes es una mezcla de felicidad absoluta, de miedo por si el proyecto cambia… Pero en cuanto empezaron los ensayos fue muy pero que muy guay.

¿Y por qué crees que te cogieron? Porque desde luego tu personaje tiene una energía radicalmente distinta a la tuya.
Es algo que me pregunté mucho porque Ulises está muy alejado de mí. También hice pruebas para otro personaje y parecía como que me veían más, pero al final fue para este y nunca supe por qué. Con Ulises me preparé las claves para entender a ese que no soy yo con mi coach de Corazza, para tenerlo bien agarrado y anclado en el rodaje.

De hecho es una interpretación muy sólida, yo daba por hecho que tendrías mucha experiencia en series autonómicas o teatro…
Te lo agradezco mucho, mola mucho oír cosas así cuando has puesto tanto curro y ganas en un proyecto. Sobre todo esa palabra, sólido. Porque a veces puedes tener la tentación de ir por un lado u otro con el objetivo de gustar más cuando en realidad el personaje no está para gustar.

¿Cómo te sentías en esos primeros días de rodaje, con ese casting tan potente y el despliegue técnico que se intuye?
Uf, me pasaba de todo por el cuerpo. De todo. Intento aparentar seguridad todo el rato, pero por dentro puedo estar hecho un flan. Es un rodaje colosal, había más de 100 personas de equipo técnico cada día, actorazos y súperactrices… Empezamos en Lanzarote y recuerdo que en mi primera escena sentí que lo hacía todo mal. "¿Qué hago aquí? Parezco tonto…". Afortunadamente es solo una secuencia y no se nota demasiado (risas). Luego pasé por Madrid, estuve con mi coach, cogí herramientas y fui ganando confianza. El equipo es colosal en magnitud pero muy cercano en humanidad, esa calidez lo hace todo mucho más fácil.

De hecho, por las imágenes que has compartido en tus redes, parece más un campamento de verano que un rodaje.
Es que tuvo mucho de campamento de verano. Por las localizaciones [Lanzarote, Teruel, Costa Brava] y por las burbujas covid, que estábamos muchas semanas sin pasar por casa. Cenas con el equipo, el fin de semana íbamos a la playa o a jugar al fútbol en un campo con ovejas…

Photo credit: LUCIA FARAIG/NETFLIX
Photo credit: LUCIA FARAIG/NETFLIX

¿Y qué tal te has visto en el resultado final?
El día del visionado estaba taquicárdico perdido. Soy muy hater y muy crítico, es mi primer proyecto audiovisual, encima con ese corte de pelo… ¡Pensaba que me iba a odiar! (risas). Pero al verlo con los compañeros fue una experiencia muy bonita, flipamos todos a la vez. Fue algo muy dulce.

¿Qué pasó cuando te hicieron eso en peluquería?
Desde que hice el último casting en otoño hasta la primera prueba de peluquería en enero, me pidieron que no me tocara nada de pelo y de barba. Y llegué que parecía Tom Hanks en Náufrago (risas). Cuando empiezan a meter tijera, me dejan ese flequillo, me afeitan… La verdad es que me moló. Flipé y me moló. Porque cada vez que me peinaban así, entraba en Ulises totalmente. Me cambiaba la cara, se me cambiaba el humor.

Además evita que se te coloque la etiqueta de ‘nuevo niño guapo’.
Eso está guay. No lo había pensado pero me encanta. Porque es un personaje que no tiene que estar guapo ni tiene que gustar. Una vez que lo asimilas, tienes que ir a muerte con ello.

¿Qué crees que sí puede gustar de Bienvenidos a Edén? ¿Cuál es su punto fuerte para enganchar a los espectadores?
Que es muy sugerente en muchos sentidos. Desde el guion a las localizaciones, porque ese espacio tan espectacular es un protagonista más. Al final son personajes con sus historias, con su dolor, que se reúnen en un mismo lugar. Y tiene mucha frescura y acción, no se anda por las ramas.

Además es de estas series en las que, aunque parezca que a los personajes les pasan cosas irremediables, hay puertas abiertas de cara a futuras temporadas…
Es que es una serie muy sorpresiva. Todo puede pasar. Se plantan muchas semillas en la primera temporada que van a ser muy interesantes de desvelar en las siguientes. Así que hay que esperar a ver qué se les ocurre a los guionistas.

En cualquier caso, pase lo que pase en Edén, tienes trabajo asegurado porque estás rodando una serie de cierto éxito llamada Élite…
No paro de flipar. Me vino un proyectazo como Edén y de repente te ves haciendo castings y pasando fases nada menos que de Élite. Qué suerte y qué responsabilidad. Está siendo muy guay porque entramos varios actores nuevos, hay renovación por esos nuevos personajes, también porque son nuevos platós… Y es como una familia que te abre los brazos de par en par.

Photo credit: Netflix
Photo credit: Netflix

Es el escaparate más potente de la ficción española ahora mismo.
La gente está súperilusionada y súperimplicada, los que llevan desde el principio y los nuevos. Y eso se contagia. Encima tenemos personajes que cuentan historias de actualidad muy potentes, así que tiene todo lo necesario para motivarme. Lo que estamos defendiendo tiene mucha responsabilidad social, así que espero que lo hagamos bien. Porque es una serie muy festiva y lúdica, con mucha fantasía de brilli brilli y jolgorio, pero también tiene una parte de crítica social muy importante. En esta temporada hay varias críticas muy, muy potentes y muy actuales que no se están tocando.

El Álex previo a entrar en la escuela de interpretación, ¿tenía claro que quería ir por este camino?
La verdad es que ese Álex no tenía nada que ver con el de ahora. Yo estudiaba ingeniería, hice Erasmus en París y mi plan era quedarme allí… Pero, volviendo a Madrid, me apunté a la escuela porque el cine y el teatro siempre me habían llamado. Entré un poco por probar, pero quería hacerlo bien, por eso me apunté a la que creía que era la mejor escuela. Nunca había actuado más allá de películas caseras con mis hermanos (risas). Sabía que me gustaba pero no tenía ni puta idea. Así que iba sin ánimo de currar en ello, solo quería ver de qué iba.

¿Y qué te decía tu entorno? ¿Qué hace el ingeniero metiéndose a actor?
Nunca se lo tomaron en serio porque yo tampoco les decía que lo iba a dejar todo. Pero el problema fue que, nada más entrar por esas puertas, me enamoré perdidamente. Del teatro, de esa clase, de esa atmósfera, de esas personas, de esa calidez humana que yo nunca había visto antes, de ese compromiso y esa lucha por estar ahí. Así que llegó la ansiedad de cómo convertir eso en una carrera, en mi vida. Imagínate cuando lo dejé todo, mi entorno ahí sí que estaba asustado. Mis padres, mis amigos… Pero cuando algo te apasiona, te da mucha gasolina. Porque he trabajado duro pero siempre desde el placer.

Entiendo que esa mente de ingeniero, con capacidad de sacrificio, de estudio y de concentración, también ayuda en una carrera como esta en la que es tan fácil perderse.
Sí. Ser más organizado te ayuda, ese espíritu de trabajo, el entender por ejemplo las estructuras a nivel de industria… Pero para otras cosas te faltan un montón de recursos, de soltura. Pero poco a poco vas soltando rigidez y mente cuadriculada, quedándote con lo que te interesa y adquiriendo todo este mundo nuevo.

Creo que el deporte también es parte importante de tu vida.
Sí, aunque tampoco he tenido nunca un deporte rey: he jugado y juego mucho al fútbol, hago snowboard, surf… Necesito actividad física, me desestresa, me mantiene con energía. Y tener una base de forma buena es importante para actuar, sobre todo para llegar cuando tienes que transformarte para un personaje. No te puedes pasar, porque si estás demasiado fuerte puede que no te vean para hacer de un chico más ‘normal’, pero tampoco estar en baja forma, porque entonces te pueden descartar para personajes que a lo mejor seducen desde el físico.

Photo credit: Fernando Roi
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Si es que eres tremendamente metódico, ¡así de bien te va!
(Risas) Ese es mi secreto. Por ejemplo, Ulises tiene que imponer respeto, así que tenía que estar como más grande, por lo que esos meses pude comer todo lo que quería y entrenar mucho para ‘llenar’ la camiseta. Son procesos que me inspiran porque se lo he visto hacer a grandes actores como Christian Bale, Tom Hardy, Robert Pattinson… Esas transformaciones físicas me motivan y creo que forman parte de la actuación. Ojalá algún día me toque perder peso para un personaje –espero que no tanto como El maquinista de Christian Bale–, o ponerme enorme como él mismo en Vice. Siempre sin volverte loco y con profesionales.

Y encima de todo eso has hecho tu primera película, La jefa, con Aitana Sánchez Gijón.
Sí, y con Cumelen Sanz, una actriz argentina espectacular. Es la ópera prima de Fran Torres y tengo un personaje interesante que mola mucho. Hago de colombiano, con el acento bien currado. El rodaje fue chulísimo, lo opuesto a Edén. Ese fue otro “sí” que me dio una felicidad absoluta, porque ni siquiera fue gracias a haber hecho una serie de éxito, sino solo porque les has encajado en lo que buscaban. Fue como una reafirmación de que puedo dedicarme a esto, de que no ha sido un golpe de suerte.

Ayudante de fotografía: Ariadna Sánchez-Albornoz · Ayudante de estilismo: Andrea Condés · Maquillaje y peluquería: Irene Rebollo y Adina Dogaru para Mery Makeup · Edición de vídeo: Álvaro Verdú · Producción: Marta Sánchez

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